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La mejor postura antiálgica

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domingo, 20 de febrero de 2011

SUNSET PARK. AUSTERO SOY

Últimamente con cada novela de Auster espero que pase la efervescencia de las mesas de novedades, y que vuelvan las aguas a su  nivel de mesura, como cuando lo leí por vez primera.
No significa que no me compre el libro en cuanto sale, que sí lo hago. Pero una vez en casa, lo dejo reposar sabiendo que ya estamos predestinados, más pronto que tarde, a encontrarnos de nuevo.
A Auster se le puede considerar, como a Woody Allen, un autor más conocido en Europa que en Estados Unidos. Más Europeo. En su caso, más francés. Pero también Ibérico: rodó su Martin Frost en Portugal, y fue premiado en Oviedo con el Príncipe de Asturias.
Ese europeísmo, aquí en España se concreta en el auspicio de un editor como
Herralde que desde  la Trilogía de Nueva York lo publica en esas tapas amarillas que también casan con la decoración de mi sala de estar.
Vargas Llosa lo considera literatura de consumo rápido, sin pretensiones, superficial. Aunque habría que preguntarle a Varguitas que pretendía él con Los cuadernos de Don Rigoberto.
Lo cierto es que la cita con Paul Auster se degusta con placidez. Vale que con las últimas novelas no llega a las cotas de El libro de las Ilusiones o de Leviathan, pero es su estilo reconocido, sus azares (como en este caso la forzadísima lectura del Gran Gatsby entre Miles y Pilar), sus temas, sus frases, las que me muestran como en un espejo su mundo particular, y me calman y me llenan como una saludable infusión de palabras.


Con Suset Park, Auster construye una particular Rue de Percebe donde ha dispuesto a unos personajes a veces demasiado divergentes. Cada uno con su pequeña historia a cuestas. Sólo Miles Heller los cataliza, los reúne y los activa.
Heller  es el ojo del huracán en torno al que  giran su padre y sus autores de Heller Books, su madre y su madrastra, su joven novia cubana Pilar, los tres integrantes de la casa de acogida en Sunset Park, y sobre todo el fantasma de su hermano.
Al igual que la torre sobre la bahía de Dublín en Sandycove donde están de okupas Stephen Dedalus y Buck Mulligan, Miles y sus amigos viven sin pagar alquiler en un viejo caserón abandonado en frente del cementerio de Sunset Park.
Una especie de hogar de acogida que recuerda completamente al Hotel Existencia de Nathan Glass. No por nada el precursor de la idea es Bing Nathan en este caso.
La historia de Miles Heller es una tragedia griega, con fratricidio, entrega total a un viaje de expiación lejos del hogar, que al final lo devuelve como a Ulises, no a su hijo Telemaco sino a su padre esta vez, Morris Heller.
Brooklyn, beisbol, crisis, escritores condenados como Liu Xiaobo o Salman Rushdie,,, y sobre todo esa película que es la tesis doctoral de Alice Bergstrom, Los mejores años de nuestra Vida, que ganó el premio de la Academia a la mejor película, al mejor actor principal, al mejor director, al mejor actor secundario, al mejor montaje, a la mejor banda original y al mejor guión adaptado. Ahí es nada.
Película que no había visto nunca, y que invitado por el análisis que hace Alice de ella me, dispongo a visionar cualquier día de estos. Ya la he comprado.
A pesar de las malas críticas que leo por aquí y por allá, Sunset Park me parece una novela de un escritor con una voz muy propia, que ya ha llegado a donde quería y que se siente a gusto desgranando sus historias.
Espero, eso sí, que no vuelva a columpiarse en autocomplacencias tipo Scriptorium y que deje que los homenajes se los hagan otros. Si sigue así no ha de tener miedo a quedarse sin ellos.

lunes, 7 de febrero de 2011

GARY MOORE

Aquí en la foto salé tirando a un azul violáceo, pero es una rosa negra como la noche. Sin duda es uno de los pocos tatujes que me haría en el hombro izquierdo.
Creo que cuando grabó este disco con Thin Lizzy, G.M. ya había estado en la formación con anterioridad, y entraba y salía de ella dependiendo de cómo iba ecualizando su amistad con Phil Linnot. Es un disco de rock absolutamente irlandés. Sonido cargadísimo, con el bajo de Linnot llenándolo todo y con la guitarra de Moore desmadejando de vez en cuando tonadas genuinamente folk.


Sin duda a Gary le hubiera gustado nacer con unos rasgos más austeros, menos pepones, más de malote para que las poses de mirada-fría-gruitarra-en-mano fueran de verdad transmisoras del odio que caracteriza a los rockeros de pro. Con lo buena persona que le hacían esos mofletes mullidos.



En mi casa, mi hermano y yo fuimos adictos a WILD FRONTIER. Y él mismo me ha enviado un sms para que me sume al memento mori escuchando Over the hills  o Murders in the skies. Obediente lo he evocado añadiendo al tándem el Empty rooms y Still Got the Blues que tenía también a mano.


Y ha muerto aquí en Estepona, no sé en qué circunstancias, pero  seguro que con un blues en la cabeza.
El rock fue para él una etapa, ya que a partir de finales de los 90 se lanzó de lleno a redescubrir los riffs más pegajosos y lentos del BLUES.
Aquí anclo la conversación que mantiene con B.B. King. Uno no quiere que acabe nunca y ellos casi lo consiguen. Eterna. Impagable.







En su página oficial figura este crespón

It is with deep sorrow and regret, that we have to announce that Gary Moore passed away while on holiday in Spain last night.


Our thoughts are with his children, family and friends at this sad time.


Gary Moore, RIP




jueves, 3 de febrero de 2011

Jocelyn POOK


Esta fiesta de disfraces, o Masked Ball, me pone la piel de gallina cada vez que la oigo. Me atrae y aterroriza a la vez. Sería incapaz de ponerla a todo volumen en casa, a oscuras, a solas, mientras en la pantalla se despliegan las escenas en silencio de El Exorcista. Sería víctima de un implosión emocional que me reduciría a ectoplasma vacío.
La música está compuesta por la voz de una misa de rito ortodoxo reproducida al revés, a la vez que se oye el responso de una segunda voz en lengua rumana.
Lo dicho, como escarpias, pero a la vez de una belleza endiabladamente inevitable.


domingo, 30 de enero de 2011

30 de Enero. Ya pasó. No fue para tanto.

45 AÑOS: ci sono cose che non si possono credere: 45 AÑOS


Cuando Luisa dejó de quererme, mi corazón inició un proceso de criogenización irreversible. Así que su baja temperatura estuvo a punto de fulminar el resto de mi organigrama, tomé la decisión de arrancármelo. Sí. El corazón. Total, para qué. Había jurado sólo quererla a ella. A Luisa. Y la palabra dada, la promesa, desde siempre había sido sólida divisa entre los hombres y mujeres de mi realengo.


Una tarde de domingo, coincidiendo con mi cuadragésimo quinto aniversario, y lloviendo todo el agua del mundo, me armé de impermeable de Gore Tex* y ascendí por las pendientes que llevan a las cimas del Ganekogorta, el monte que con sus casi mil metros guarda las alturas de mi ciudad. Bilbao.

Llevé hasta allí mi corazón enjaulado en una caja de cartón de vino de crianza de bodegas Marqués de la Piscina, y pisé cumbre a eso de las trece treinta. La cortina de agua no permitía ver más allá de los dos metros veinte, así que cuando desalojé la caja y empezó a rodar mi corazón ladera abajo, dirección Alonsótegui, lo perdí de vista, ay, quizás más rápido de lo que hubiera deseado.

Un tiempo decididamente septentrional asoló la costa cantábrica durante las semanas siguientes. El viento helado llamó a la nieve, y ésta colmó con un grueso manto todas las cumbres. Cada tarde, volviendo del trabajo en mi Opel Vectra atisbaba desde Enekuri la blanca loma del Ganeko, preguntándome bajo qué porción de aquel albo velo reposaría mi antiguo músculo irrigador. Ya no pensaba en Luisa apenas, y algo así como una sabia cicatriz interna iba purgando el desconsuelo originado por el vacio in-pectore.

El tiempo hacía de las suyas avanzando sin demora, y Euskalmet predijo –y se cumplió- la llegada de un tenue viento Sur que desaguaría de plata las cimas de los montes vocineros.

Desde Enekuri fui viendo pues, tarde tras tarde, cómo el Ganeko se iba poblando de parches y de calvas que mostraban su pardo carácter intestino. Quedó, sin embargo, un breve nevero que se obstinó en su blancura, y que perpetuó más allá de los gélidos vientos una pequeña mancha inmaculada en su blancor, y que fue atrayendo con el paso del tiempo la atención de todo ciudadano.

El breve nevero fue gritando su albura bajo el sol de febrero, de marzo y hasta llegó a obstinarse bajo el calor de un abril gratamente primaveral. Ante la bizarra anomalía, se creó un comité científico que estudiase el insólito percance natural que impedía la fusión de la nieve. Yo me fui sintiendo cada vez más azorado, pues aquello no podía obedecer a nada que no fuera el efecto gelizador de mi otrora rimbombante corazón.

Al fin, horadando estrato tras estrato, llegaron al deus ex machina, y el mismísimo alcalde Iñaki Azcuna portó la voz en rueda de prensa para proclamar a la comunidad científica internacional que era una vez más, Bilbao, el centro y ombligo del planeta mediático. Un corazón, vociferaba incrédulo e impetuoso ante las cámaras, era un corazón a la intemperie, que mantenía sus constantes a pesar de –o gracias a- la gélida periferia que generaba.

Inmediatamente hallaron en el Hospital de Basurto un huésped al que implantarle el insólito órgano. La lista de espera iba siendo ya kilométrica debido al efecto negativo que la ley del carnet por puntos había operado en la cadencia de corazones donantes.

A mis 45 años me arranqué un corazón incapaz de irradiar calor. Acariciaba bajando por Enékuri cada tarde el enorme e irregular costurón que me quedó en el pecho. Una ladera verdosa y uniforme reflejaba la luz dorada del último sol. En algún lugar de esa ciudad, Luisa cada vez se difuminaba más y más hasta desvanecerse por completo.

miércoles, 26 de enero de 2011

INTERZONE

Con Alemania guardo pocos vínculos salvo El lector de Berhnard Schlink, La Montaña Mágica de Mann, y supongo que un 60% de la obra de Hesse. Hubo un tiempo que cada verano me leía Sidharta, y los alternos Bajo las ruedas.
También de Thomas Mann leí Los Buddenbruck debido a una compañera de pupitre te-u-tona que vino a mi vera desde Baviera traída por los aquellos primeros Erasmus de los últimos 80´s. A pesar de toda su germanía recuerdo que se llamaba simplemente Ana, pero que era aria como una valkiria de Wagner. De éste nunca he sido muy partidario con toda esa trompetería que siempre le ha dado a Woody Allen ganas de conquistar Polonia.
Lo que voy a dejar aquí estampado es un documento sonoro de un grupo de rock alemán. Compré la cinta quizás más llevado por la portada de la cassette, en Disco Play, cuando antes de dedicarse a vender exclusivamente por revista postal contaba con una estupenda megatienda en la calle Correo de Bilbao.
Sé que me acompañaba mi hermano. Tendría doce o trece años, quizás menos, mi hermano.
E INTERZONE entró en nuestras vidas. Acabo de tropezar con sus rocks y sus blusses aquí en el totum revolutum que es esta vorágine de Red antes de la era Sinde, y me ha recorrido un escalofrío por la espina dorsal. Aquí lo cuelgo como homenaje a quellos tiempos en los que escuchaba a estos muchachos mientras levantaba mis mancuernas los sábados por la mañana.
Et voilá:

sábado, 22 de enero de 2011

LUCAS FIGUEROA

Tras los globos de Oro se acercan los Oscar, los Goya... Vaya con Ricky Gervais. Este año lo ha hecho más entretenido de lo que era de esperar, y así ya no se le esperará más para presentarlos.
Esta edición, aquí, se lo llevará todo Itziar a pesar del bilbaíno. Y hasta puede que tenga alguna opción con lo del tío Oscar.
El cine desde luego estará en crisis, todo lo que tú quieras, pero hoy no he encontrado entradas ni para El discurso del Rey ni para Más allá de la vida. Bajan las persianas de las salas y los pocos que quedan no dan abasto con los que nos queremos refugiar del frío regalándonos la vista con lo que rueda el octogenario de Esatwood.
Y va pasando el fin de semana. Aún me queda el domingo. Tras la salida matinal en MTB, me haré un pase privado de Lubitsch: El bazar de las sorpresas. Y a la tarde literatura. Algún cuento nevado de La reina de las nieves y si Si no creyera en la locura, y ahondar en Sunset Park. Algo de trabajo y preparar el lunes.
Sin salir del cine, aquí le dejo al bueno de Maurizio, y en plan homenaje, el corto que casi se lleva el Goya hace dos años. Se trata de Ci sono cose che non si dimenticano mai. Un poco al estilo de Javier Fesser y que podrá ver sin tener que leer los subtítulos.

Porque hay cosas que nunca se olvidan
Cargado por laorilla. - Programas de ayer por la noche y clásicos de TV, online.

Según volvíamos a casa tras el malogrado intento de hospedarnos en los Gólem durante hora y media, veo para mi asombro y desventura que Ian Anderson viene a bilbao. Paso por la Sala BBK de la Gran Vía, y ante mi perplejidad veo su silueta de Garza en el cartel, anunciado su concierto para el día 8 de febrero.
¿¿Puede haber mayor desdicha?? El día 8 salgo para Tarragona. No viajo en todo el año, y justo ese día me lleva la empresa a hacer el idiota en Cambrills o en Salou, aún no lo sé. Sólo que salgo ese día. Horreur.
Colgaré otra gema de estos músicos maravillosos.
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martes, 11 de enero de 2011

JUDEE SILL

Acabo de leer el Malogrado, y ahora estoy con El almuerzo en casa de Ludwing Wittgestein. De fondo oigo The kiss de Judee Sill. No me la puedo sacar de la cabeza. Me estoy obsesionando con su melodía al igual que Glen Gould con la variaciones Goldberg.
La letra podría ser de Santa Teresa de Jesús con el "amor surgiendo de la niebla, llenando sus sueños con rayos de fuego", con momentos de éxtasis absoluto como esas  "estrellas explotando en el cielo", aunque esto ya seguro que se debía a sus clímax lisérgicos. Anyway, una pena lo de esta chica. Sus melodías maravillosamente barrocas me envuelven y me ponen muy triste. Al igual que otra voz prontamente segada, como lo fue Eva Cassidy, me sumerge en una profunda melancolía que me incita a dejar de escucharla para sentirme mejor.
Pero estoy leyendo a Bernhard, qué mejor ambiente que este The Kiss o Jesus was a Cross maker

sábado, 8 de enero de 2011

BIUTIFUL

Los Reyes me susurraron al oído que fuera a ver BIUTIFUL y fue el mejor de sus regalos. Vuelto del revés salí a la 13:00 de la noche de la sala. Inside Out.  Con la historia de Uxbal a flor de piel. Con la intención de Iñarritu de abrirme los ojos de una forma tan descarnada y tan bella. Con los bolsillos llenos de piedras.
Previamente vi en Bloomberg una entrevista de Charlie Rose a Bardem y a Iñarritu. Ese fue, de hecho, el susurro de los RRMM.
Uxbal es, estirando mucho la goma, el Roger Casement de Barcelona. El 31 de Diciembre acabé El Sueño del Celta, y la esclavitud y la explotación del débil vuelven como leit motiv otra vez con BIUTIFUL.
Problemón inmenso que se despliega cada día a las puertas de nuestras casas y que no sabemos ni cómo plantearnos. Dando la espalda mientras te pones la venda. Asumiendo la culpa de nuestras anteriores generaciones que como Atila campearon en América y en África. Abriendo el analgésico y ridículo grifo de la limosna. Pero hay solución acaso?
Lei la novela sentado al alimón en el ordenador subiendo en Google Earth a vista de pájaro por el río Congo y por los brazos del Amazonas en Putumayo. Pero esas zonas vuelven a cancerarse después de tantísimos años. Y como si no hubiera pasado nada el coltán sustituye al caucho y se convierte en nuestra nueva vergüenza. Los microchips de mi máquina necesitaban el nuevo oro que se extrae en las minas-cárcel de Africa.
Uxbal se lucra pero su oficio le enfanga con la verdad. Su tristeza, más allá de su vacía infancia y de su herida familia, tiene que ver con el desgaste emocional que le provoca el roce con los sótanos de Barcelona.
Esos sótanos que yo no veo en Bilbao porque no soy como Uxbal ni Casement. Que sé donde están, las zonas los barrios. De los que Iñarritu me abre las puertas. Pero son sótanos felizmente invisibles para mí.
La clase media es un colchón mullidísimo que lo silencia todo.
Sí, tú.



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domingo, 2 de enero de 2011

THE MISFITS. VIDAS REBELDES

He despedido el año con Huston. Vidas rebeldes. No precisamente el mejor Huston. Estaba claro que el plantel de monstruos que hicieron esta película sólo estarían en estado de gracia si les rondaba la parca.
Así Clark Gable que moriría 11 meses después tras un agudo miocardio, o la propia Marilyn que casi en plena separación con Arthur Miller, dejaría el mundo por su mano no mucho después. Para ambos, The Misfits es casi su legado fílmico, sus últimas apariciónes en un film completo como protagonistas.
John Huston tendría que esperar a estar moribundo para rodar su obra maestra: Los muertos, o Dublineses, según se prefiera. Por cierto, aquí tenemos a MM leyendo ni más ni menos que el Ulysses.
Vidas Rebeldes se mantiene justamente por esas dos interpretaciones, Gable y Monroe. El primero llegó a decir que era la película en la que había actuado por vez primera, ya que en las anteriores, sencillamente, estaba. Y de M.M. Díos mío, que puedo decir. Que está fabulosa. Letra a letra, a-d-o-r-a-b-l-e. No sé si se equivocaba mucho en el rodaje, o si se olvidaba a menudo de sus frases, o si exasperaba a Gable con unos insufribles retrasos, pero lo cierto es que siempre me ha parecido una actriz inmensa desde su pequeña aparición en Amor en conserva de los Marx hasta  esta Roslyn Tabor.
Y luego está The Misfits como catalizador, esto es, como facilitador de el maravilloso reportaje fotográfico que hizo la agencia Magnum sobre el rodaje de la película. Et voilá una pequeña muestra.



Del resto, qué puedo decir, no soy muy Cliftiano, y de hecho me gusta mucho más el papel y la interpretación de Eli Wallach que la de Montgomery.  Me apena Gable a dos pasos de su muerte. Qué estupendas fotos dejó sin embargo con Monroe en ese desierto de Nevada, donde él mismo, el paisaje, se convierte en otro protagonista fundametal en la trama.
Veo en la escena de la caza del garañón la metáfora de la propia Marilyn enlazada por la fama, por su atractivo sexual, por su cliché de superficial y mala actriz, y por el lazo de su desamparo desde la niñez. Al final todos los lazos la doblegan y la tumban en medio del desierto de Nevada.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

JETHRO TULL




Dónde estarán todos mis discos de brillante plástico negro. Los cepillos con los que les limpiaba el polvo, con sus sprays anti-statics. Sus fundas trasparentes, y los folios ajados donde traducía sus historias de amor y muerte. Cuántas de mis pesetas ahorradas como sufrido adolescente de los ochenta, e invertidas en Long-Play se convertirían en dólares con los que Ian Anderson adquiriera un coche nuevo, una nueva casa o una lata de leche en polvo para su hija.
Pero todo lo que me han dado sus canciones, sus melodías, no cabe en un mundo.
Cross-eyed Mary, Aqualung, Locomotive Breath, We used to know, Nothing is easy, Living in the past, Skiting away...Bouree, Thick as a brick....... todas escuchadas en dormitorios empapelados con posters de ACDC o Rainbow, o de el mismísimo Anderson en su postura de garza.
La primera vez  que los escuché fue en casa de mis primos, con el tocadiscos en el suelo, entre sus camas gemelas. Aqualung. Yo aún no había escuchado ni a los Beatles, lo que supuso que mis jovenes oídos se hicieran a la droga dura antes de haber empezado a fumar un simple celta. Aquellos acordes graves, secos eran un compromiso, ni un paso atrás. Miraba a mi primo Reyes cómo agitaba al ritmo su cabeza, y miraba también la portada de aquel disco donde una acuarela de colores desvaídos mostraba a un viejo  andrajoso que escondía algo bajo su abrigo a la par que prevenía a los intrusos con una mirada desafiante. Aquel primo lleno de pelo color vino por toda la cara fue quien me bautizó. Desde entonces algún tema de JT me habrá decepcionado un poco, pero nunca lo suficiente. Hasta Under Wraps, cons su sintetizadores y cambio de estilo se me pegaba a las meninges para no salir.
Mi homenaje a esa banda eterna que llenó de ecos medievales mi último cuarto del siglo XX. Una banda cuyos músicos se fundían con su instrumento hasta el virtuosismo. No había trampa, sólo cerraban sus ojos y respiraban por sus dedos y sus bocas. Ellos eran los músicos de estudio que les acompañaban. Profesionales de un tosco jazz medieval británico.
Pero dónde estarán aquellos discos!?


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sábado, 25 de diciembre de 2010

LIFELINE

Siempre me acuerdo de Victor Erice cuando contemplo el membrillo que plantó mi padre en su jardín de La Rioja. Es un membrillo de crecimiento lento, como su cine. Yo lo dibujé también emulando a Antonio López. Sobre una cartulina ajada ya desde un principio, parecía una reliquía desde el segundo en que terminé el dibujo. Siempre ha estado en la mesilla de noche de mi madre, allá en Castañares. Y cuando ella murió este puente de diciembre, volví a verlo tras mi cárcel de lágrimas, borroso y dinámico.
He vuelto a ver de nuevo hace unos días El espíritu de la colmena. El viento, el silencio, los ruidos de la casa, las niñas, el cine en la infancia. He visto también el domingo pasado, Copia certificada de Kiarostami. Tan hermanados los dos, tan morosos, profundos, tan amables permitiéndonos degustar los planos, las palabras. Iguales que un vino cosechado para envajecer.
Cuando paseo en Ezcaray por la carretera que lleva a Valgañón, también pienso siempre en Erice al ver la casa donde rodó El sur. Y veo a Rafaela Aparicio llegar, y bajar del coche hacia el encuentro de Iciar Bollaín, custodiada por los gigantescos castaños de indias que pespuntan la carretera.
Dejo aquí el inmenso cortometraje Lifeline.
Porque casi siempre lo más grande puede caber en apenas estos diez minutos.


Alumbramiento de Victor Erice from cuando los grandes eran cortos2 on Vimeo.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Qué frío


¡¡¡Qué frío!!!
El otro día le contaban al Arias y al Echanove en "Un país para comérselo" que Teresa de Ávila era partidaria de "cuando perdiz, perdiz". O sea, que mística sí, pero ingenua ni un ardite. Los pagarés para pasar de nivel se los dejaba abonar al tontuelo de Juan de Yepes, cuyos despojos mostraron cómo llevaba el cilicio incorporado bajo el pellejo, lo que se dice "somatizado". O al menos eso es los que nos cuenta Gerald Brenan, que sus fieles se lo reaprtían -dedo arriba dedo abajo- para llenar con él sus relicarios. Que bajo su tosca capa de carmelita reformado apareció efectivamente el tortuoso afiche como garante de su seguro pasaje hacia el nirvana.

¡¡¡Qué frío!!!
Recuerdo yéndome a la escuela con Juan Carlos -mi vecino de entonces del tercero, y amigo aún hoy a pesar del tiempo y la distancia- en días de frío sobre todo,  cómo cada mañana en un punto imprevisible del trayecto nos parábamos, y como un borrachito, apoyaba su mano derecha al muro o la farola y tras un previo mohín, que no llegaba a náusea, vaciaba la lechosa pitanza que se había desayunado en casa. Su madre, la Divi, no sabiendo que fuera alérgico a la lactosa, le calentaba amorosa el nesquick cada jornada ignorando que en minutos desalojaría el carburante en presencia de su vecino y seguro servidor.
Tras besarse el dorso de la mano a modo de pañuelo, seguíamos nuestro periplo hacia las aulas como si nada.
Recuerdo a Juan Carlos por una de sus frases, que sin ser digna de piedra se ha grabado en mis meninges cada vez que oígo a alguien hablar acerca del tiempo. Era una frasecilla humilde e ingenua, pero de inusitada y extraña madurez en un ser humano aún tan breve: "Qué es buen tiempo: cuando en invierno, frío; cuando en verano, calor. A cada clima su estación."
Confucio se revelaba a veces por la boca de Juan Carlos, y sus pequeños haikus no hacían sino refrendar aquel boletín de notas tan ansiado por todas las madres del bloque. Y sobre todo por la mía.

¡¡¡Qué frío!!!
Entre los tópicos vascos está el que asegura que entre esos naturales no se folla tan amenudo como ellos quisieran. Supongo que habrá otros tantos gentilicios que querrán hacer suya esa triste aseveración. Desde luego, este que suscribe, de mixto origen y de apellidos dispersos, también se apunta vulgar y triste a la pugna por rubricar al pie del tópico. Y es que no creo que vaya tanto con la patria chica del varón como con el ostentoso "morning glory" con que nos abrimos al día cada mañana.
Yo estoy rodeado de vascos en el trabajo, euskaldunes de apellido y lingüística, que del tópico del que son  profesos es del de llevar como religión el parte metereológico. Internet les ha provisto de su particular  pastor del Gorbea, y todos tienen -sin excepción- el 1º de la lista de sus favoritos el weather report de euskalmet, el del meteosat, o el de la mismísima Santa Bárbara..
Lo cierto es que no he visto colectivo tan sensibilizado con el meteoro como los vascos que cada tarde me rodean de 4 a 6.

¡¡¡¡¡¡Qué frío!!!!!
El otro día me invitó un francés a una mariscada, y en la sobremesa pude conocer a un bilbaíno desplazado por gusto de su tierra. Antiguo marino mercante, ahora se asienta en el puerto de Bamako, en Guinea Ecuatorial. Se encontraba de paso, y nos hizo saber lo positivamente impresionado que le tenía la transformación de la ciudad. A pesar de ello, sus visitas al botxo cada vez iban reduciéndose más debido sobre todo al...frío.
El termostato de su piel se había hecho a los trópicos de forma que los doce grados que disfrutábamos aquel día le eran poco menos que lapones o finlandeses.
A parte del térmico detalle, nos regaló con  un detallado y nunca pedido catálogo de sus nuevos usos y costumbres amorosos. Desplegó en su monólogo -entre vieira y cigala- cómo no se le iban ya los ojos tras ninguna "blanquita" (sic). El francés y yo nos mirábamos de hito en hito, y a nuestros ojos los moluscos bivalvos en sus manos adoptaban metafóricas y rijosas simbologías que  nosotros, inconscientes y achispados, íbamos regando con más y más ribeiro.

Qué frío.

En Gernika.

Alubia blanca guerniquesa
Antxoas rebozadas
Flan de la casa con nata

Tinto Labraz de Piérola
agua Aquabona convenientemente precintada
Cortado con hielo.

12,50€


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lunes, 15 de noviembre de 2010

TEATRO NEGRO DE PRAGA

Hace unos días, tomando un té verde y hablando acerca de teatro, comentaba con Maurizio mi adoración por el Teatro Negro de Praga.
Disfruten de esta revisitación de sus fundamentos pasada por el tamiz de las nuevas tecnologías.
Distinto.


miércoles, 3 de noviembre de 2010

BLANCO NOCTURNO






" Comprendió que reconstruir ese día en todos los detalles iba a llevarle un día entero. O quizás más. Hace falta más tiempo para rememorar que para vivir, pensó"

De Blanco Nocturno, de Ricardo Piglia. Editorial Anagrama, 2010.