reading along

reading along
La mejor postura antiálgica

Buscar en este blog

miércoles, 28 de diciembre de 2011

ESTHER OVEJERO. LEE MORGAN. EVA CASSIDY



FRUITION JAZZ SOUND HOLE



No es que haya habido aclamación popular, desde luego que no. Abro el local porque yo quiero. Bueno, y porque tenía ya contratadas las actuaciones de esta noche. Antes de que acabe el año, me dijeron. Lo cierto es que no sé a qué tanta prisa pues ya sabéis que siempre traigo algún muerto, y no sé qué urgencias pueden andar teniendo al otro lado del muro. Pues como iba diciendo, que nadie me ha urgido a que abra la persiana de nuevo. Os bebisteis hasta el alcohol del botiquín, os dejé fumar, traje pinchos de inauguración, contraté a las camareras más lindas, me costó un Potosí traer a la Ferreiro (ahora que se la rifan en el Central y en el Bogui), y sólo el encomiable aliento y entusiasmo de Streaker me animaron a no abandonar la empresa. Y eso que al bueno de Streaker se le atragantan los compases en quinta sostenida, que es más que rockero a pesar del terno y la corbata. Y qué pasó con el bueno de Art Blakey? Es que queríais algo más purista? Ya os dije que no pudo ser traer ese día ni a Freddie Hubbard ni a Wayne Shorter. 

Bueno, al toro. Abro las puertas del FRUITION JAZZ SOUND HALL again. Esta noche hay tres bandas en el cartel. Una dama nacional. Un negro inmortal. Y Eva Cassidy.  El postre con Eva redimiría cualquier mantel,  aunque bien es cierto que en el menú del Fruition no se precisa de redentor alguno. Eva es mi debilidad desde hace muchos años y su voz aún levanta escarpias en mis brazos.



Pero pasen. Los que estén. Disculpen el tono de derrota del principio. Me aplicaré e intentaré alejarme del ajedrez que me he traído. Llevo desde las siete jugándome una partida como Bogart en el Rick´s Café Americain con un pitillo humeante entre los dedos. He traído más marcas de ginebra. He descubierto hace poco la Seagrams y ya no bebo otra cosa. Todo sigue siendo gratis. A ver si así.

Abrimos boca pues con una guapísima canaria que está llenando todas las salas y festivales del país. Es posible que mísmamente el llenazo que estamos teniendo esta noche se deba a que se haya corrido la voz de su presencia hoy en FRUITION. Sí damas. Sí caballeros. Esther Ovejero. ESTHER OVEJERO.


Abrigadita. A la intemperie, como cuando asistimos al festival de Ezcaray y amenaza lluvia. Qué pena no tener la labia de Cifu para amenizar estos tiempos muertos. Qué os ha parecido. Ha merecido la pena, no? Temazo dedicado a Janis Joplin. Luego firmará autógrafos puesto que se quedará hasta el final para ver a la Cassidy. Esther es una tinerfeña, filóloga inglesa, y afincada desde hace muchos años en Barcelona, donde está más que introducida en los ambientes jazzísticos de la ciudad condal. Cuando hacía sus primeras incursiones musicales lo reforzaba haciendo de intérprete con los jazzmen que venían al festival de Jazz de Canarias. Así conoció a un sinfín de estrellas, entre las que destaca quizás Richard Bona, a quien le pasó una maqueta con sus cosillas. Más tarde el bajista colaboraría en el primer disco de la Ovejero “Rompiendo el silencio” arreglándole algunos temas y tocando el bajo. Impresionante, no? Como sabía que os sabría a poco he preparado este doblete. A disfrutar. Con la música y con el book. Golfetes.


Georgia on my mind. Y en directo, como a nosotros nos gusta. Georgia. Os viene Ray Charles a las meninges, lo sé.. Isn´t it???


Ok. Decimos adios a Esther. Benson la acompañará al piso de arriba para que se avíe y recomponga. Y prepárense simples mortales para colocar la trompeta de Lee Morgan justo bajo el diafragma, lo que comúnmente vamos diciendo las tripas.


 Venido desde el sur de Manhattan, concretamente desde el mítico local SLUGS, donde a las 2:45 de la madrugada su chica le descerrajó un tiro en pleno corazón el 19 de febrero de 1972.
Sí, tengo una predilección por los Messengers, no puedo evitarlo. Ya les dije que muchas estrellas han pasado por la banda del baterista Art Blakey.
Y  Morgan, a pesar de su corta vida, brilló con luz propia no sólo en la banda de Art, sino junto al mismísimo John Coltrane en su mítico álbum BLUE TRAIN, o bajo las enseñanzas de su maestro Dizzy Gillespie.  También creó su propia banda para grabar para el sello Bue Note uno de los álbumes de jazz más vendidos en la historia de la discográfica THE SIDEWINDER.






 .

Verán que empieza con un piano tipo Hancock en Cantaloop, al que se sube tras lo primeros compases el Hard-bop swingueado de Joe Henderson (Sax Tenor) y el propio Lee. Es un tema para crear afición, no lo duden, al igual que lo fue Moanin´. Quítenle el respeto al jazz, que está aquí para hacerles el amor mientras echan un poquito más de whisky a esos hielos. Pinchen y pónganse un vasito o dos. Please.
Y lo del deceso, pues sí. Fue así, amigos. En un local como podría muy bien ser este mismo. Helen More, entró en el Club en pleno bolo, y entre pieza y pieza se lo llevó a la barra donde le montó una trifulca de muy señor mío. Helen se fue y Lee volvió al escenario a seguir cumpliendo con el público neoyorquino de aquella noche. A la media hora la bella volvió con un hierro en la mano y le abrió el pecho con una bala interrumpiendo el que sería el último tema de Lee Morgan. Sólo tenía 33 años.

Y ahora, para culminar esta gran velada, tenemos el placer de convocar al espíritu, la imagen y la voz de la sensacional Eva Cassidy. Para aquellos que no la conozcáis: sentíos envidiados, porque vais a sufrir un desgarro emocional y a descubrir algo que estábais lejos de llegar a pensar pudiera existir. Eva es una intérprete con una voz tan personal y prodigiosa que todas las versiones que grabó de temas archiconocidos las perfecciona, las engrandece y las hace suyas hasta el punto de olvidarnos del tema original. La casualidad hace que os tenga que contar que Eva murió también a la edad de 33 años. A principios de 1996 le diagnosticaron un cáncer que le segó la vida en pocos meses. Fulminante. Desde entonces, su carrera a título póstumo fue meteórica hasta llegar a copar los números unos de radios inglesas y americanas. Apenas conocida en los locales de su Washington natal, desde su muerte se ha abierto un hueco en el corazón de los amantes de la buena música.


Imágenes desvaidas, sin color, como para mitigar la palidez quizás de los últimos momentos de esta voz incontestable. Espero que os guste haberla descubierto en este humilde local que es el vuestro. Os quiero.
Ah! Y feliz Navijazz

lunes, 19 de diciembre de 2011

EL COCINERO, EL LADRON, SU MUJER Y SU AMANTE


Hace mucho tiempo vi en el malhadado teatro Ayala esta magnífica película que luego corrí a comprar en VHS por tener su música conmigo, su imagineria  barroca y… a Hellen Mirren.
Peter Greenaway es un raro hacedor de cine que se esfuerza por salirse del camino transitado de las audiencias y el adocenamiento. Lo suyo le cuesta. Quiero decir, que como autor, querrá el máximo de ojos degustando sus imágenes. Sin embargo se convierte por decisión propia en un cineasta minoritario, vapuleado por gran parte de la crítica y por la mayoría del público. Pero, ¿puede hacer otra cosa? Cuando trabaja sus mimbres siempre le sale el mismo estilo de cesto. Por convicción. Compromiso artesanal de embarcarse en empresas que le permitan moldear sus ideas sobre el sexo y la muerte. La vida.
.
El Cocinero… es una peli angustiosa, cerrada, encantada como una casa preñada de fantasmas, excesiva. La música de Mychael Nyman me embaucó desde el primer momento que la oí. Ese niño lavando la loza mientras interpreta un miserere.  El sonido ligado a la imagen con una maestría inquietante. La belleza visual de cada color que define cada objeto del escenario.  El vestuario. La comida.
Durante años esa voz y esa música siguen siendo fáciles de convocar por mi memoria.
Fue también pues un film de inciación que me abrió a la maravillosa música de Nyman antes de que irrumpiera con "El Piano", y a la bellísma Hellen Mirren; Bella  desde que se inició en la Royal Shakespeare Company y hasta las últimas interpretaciones de The Queen.
Greenaway-Nyman-Mirren. Triada fabulosa.













jueves, 15 de diciembre de 2011

Navidades con Joss STONE


La NAVIDAD…
Es esa parte del año que siempre me pone enfermo; con toda esa impostada alegría que escuchas en cada  villancico, que no son sino viejos éxitos del siglo pasado. ¿Acaso soy yo? Porque esto no se parece en nada a las películas de Frank Capra.
Así que gracias a  Díos que la Navidad sólo viene tan  sólo una vez al año. [….]
Por las deudas que contraemos, alcemos nuestra copa a la salud de la Navidad.
Por cierto, nunca nieva, tan solo llueve. No me explico por qué estamos siempre esperando unas navidades blancas…
Gracias a Díos que sólo viene una vez al año….

Todo eso lo canta esta simpática Mamá Noel que es JOSS STONE en este fantástico Anti-Xmas Carol.
Ya sé que no queda muy original refunfuñar en contra del espíritu navideño, sobre todo en este tiempo en el que necesitamos que las bombillas y  las tonadas callejeras se conviertan en el eficaz revulsivo que  pueda desatar un consumo que salve los grandes almacenes, los outlets y hasta los puestos de castañas contra los que se ha conjurado hasta la primaveral climatología.
Así que no voy a hacerlo. Sólo déjenme sonreir ante el vaivén de los pies de JOSS mientras todos caen a su alrededor convenientemente aborrachuzados.

Vengan pues los renos, vengan elfos y pastores, nieve-espuma y el cartón piedra de las sociedades belenistas.
El rojo y el blanco del padre Nicolás y  el de la Coca-cola. La estrella. Venga Ana de Codorniu y las uvas frescas o pasas.


Me sirve también la coyuntura para abundar en esta niña inglesita que siempre canta descalza y que hace sus alimones con grandes figuras como puedan serlo Rod Stewart o Donna Summer...
YEAHHH.....Ain´t that a lot of love...Aquí ya se le ha pasado el mareo del fin de año y se mueve todo muy british con el papito Tom Jones. Encantadoramente setentosa y flower power.


Nadie como Otis Redding para Try a little Tenderness, pero lo cantan bonito, empero. 


Y para terminar, se acabaron las rectas largas. Curvas curvas y más curvas con el swing y las caderas de USA y UK. LeAnn Rimes y JOSS STONE.  Soul soul soul soul soul soul



Y ahora volver a poner el anti Xmas Carol con el que hemos empezado. Dejadlo en "on" mientras ponéis las bolas en el árbol o extendéis las guirnaldas o coronas de navidad. Y mañana comprad, comprad, malditos.. que yo ya he empezado.



jueves, 8 de diciembre de 2011

FRUCTION JAZZ SOUND HOLE

 

Con cierta aprensión, agarro el enorme conmutador con las dos manos y lo deslizo suavemente hacia arriba. Y ya está. No hay vuelta atrás. Se encienden las luces de neón del FRUCTION JAZZ SOUND HOLE. Ya sé, es un poco largo. Me he dejado una pasta sólo en el jodido luminoso, aunque qué diantres, al mal tiempo buena cara. Pero entrad, no os quedéis ahí ateridos, que es casi invierno. Sois pocos, y algunos no os conocéis. Casi todos tímidos, que no habéis abierto la boca los más ni para decir hola soy yo qué pasa. Otros vendrán quizás y asomarán la cabeza por entre las cortinas de la entrada después de ver el cartel con las bandas que se anuncian para esa noche. Quizás entren y se sienten hieráticos y espigados a la barra, o cerca del escenario por ver qué pasa. Pero los que aquí estamos vamos a ser la entrada fetén de cada noche de jazz-session. Los más de Bilbao o de Gipuzkoa; gallegos, emeritenses (espero), calagurritanos, algún guiri sevillano y madrileño…buena gente, sin duda. Mezclaos hasta el límite que os queráis permitir. Dejad primero los abrigos, que he puesto el termostato. Las pruebas están hechas y funciona todo. Las bandas han venido y esperan turno, son los del fondo. Algunos ya están muertos pero de igual forma os responderán llevándose el índice al sombrero si les invitáis a un bourbon. Siempre están sonriendo, y no hay drogas. Sólo alcohol, good-label-branded, es decir, convenientemente etiquetado. Cerveza, sólo Carling. Bueno, y San Miguel 0,0 just for Mauri. Los tragos son todos gratis, los cortos y los largos. Sólo hay dos ginebras: Hendricks, con su rajita de pepino, y la Martin Miller´s. Hoy no hay más por las prisas de ser el primer día, aunque café hay a raudales, que no quiero que os durmáis. Y una cosa: lo siento: se puede fumar. El FRUCTION JAZZ SOUND HOLE es lo que es: un garito de Jazz, y me niego a que huela a rosas. Antes de abrir las puertas cada noche se enciende la máquina de la nicotina para que ya el primer cliente se encuentre el ambiente cargado y tenga que entrar cortándo una atmósfera de ensueño, irreal por las luces de colores que he puesto yo mismo en el techo con estas manitas. Bueno, basta de cháchara, los músicos ya están probando, y están nerviosos por ser los primeros en hacer vibrar estas paredes aterciopeladas. Decidme la verdad, ¿Habéis visto un antro más bonito que éste?  Las luces  indirectas, los focos, los juegos de color, los cuadros, esas pedazo de camareras. Venga ya…! Lo decís por adularme…, bueno, vale, pedid algo en la barra.
Sé que cuando aventuré hace unos meses que me encantaría abrir el local, anuncié que seguramente lo haría con Joe Henderson, pero son tantos los temas que se agolpan en mis meninges luchando por ese privilegio, que he tenido que ceder ante los recuerdos de mis primeras sensaciones como escuchador de Jazz. Y más allá de los “standards” de Gillespie, o del inmortal Armgstron; más allá de la trinidad de Monk-Coltrane-Davis, más todavía de la religión profesada a Parker, a Brubeck y a Bill Evans, más allá de todo eso, digo, quiero abrir el telón con Art Blakey y los Jazz Messengers, con un tema del pianista Bobby Timmons, “Moanin”. Quizás sea la banda, que con su sonido Blue Note, me mantuvo por primera vez atento y servil a todas las piezas de un disco de jazz

.

He elegido este video moderno más que nada porque muestra a un Art bastante mayor, hace ya unos 20 años, pero con un ritmo, una sonrisa y un empaque a la batería digno de aplauso en posición firme durante más de  media hora. Al ser una formación muy renovada no podemos disfrutar del Wayne Shorter de “one by one”, o del fantástico trompeta Freddy Hubbard. Tenéis que saber que por esta banda –en activo durante más de veinte años- han pasado decenas y decenas de instrumentistas. Esos dos monstruos, Shorter y Hubbard,  son los culpables de mi encandilamiento por los Messengers, sin duda alguna. Ya los invitaré para otras sesiones. Pero no me neguéis que ver y escuchar al blanquito Brian Lynch no ha sido una maravilla tocando la parte de Hubbard a la trompeta.
Bueno, espero que os haya gustado, y que la tonada de moanin´ os acompañe todo lo que queda de semana, que no os abandone y acabéis silbándola en la cola del Eroski sin saber a qué cuento viene a vuestros labios esa ambrosía de tonada.. 

Tomad otra copa, pues. Cuidad que la ceniza no dañe el paño. Que corra el aire, chicos. Me gusta este murmullo y el que aún no se haya roto ningún vaso. No arméis bulla y bebed con moderación. El  negro armario de la puerta se llama Benson, y a una señal os puede llevar arriba y daros una ducha de agua fría hasta que volváis a tener las orejas limpias para Verónica Ferreiro.  Jazz recién salido del horno. Con un primer disco LAIO, tras muchas tablas a la espalda. Esta no está muerta, y ha accedido a venir a la noche del estreno para que los que no están acostumbrados a los instrumentales se dejen llevar por la voz fantástica de alguien más cercano y muy fresco. Toda vuestra: Verónica Ferreiro. qué bueno este Stop your Step, oiga!!!!!!!!  No se me acaramelen.



Bueno, pues dos temazos por sesión. No os podéis quejar. No cansa. No empalaga. No hago caja con vosotros. Sé que a algunos os habrá sabido a poco. Prometo volver a abrir las puertas. Y espero vuestra afluencia. Gracias por venir. Demoraos con los tragos y la compañía el tiempo que haga falta. FRUCTION JAZZ SOUND HOLE  está siempre abierto para vosotros.


martes, 6 de diciembre de 2011

WENDIGO

En el fragor de la batalla, la tenue voz que pronunciaba su nombre se abrió paso por las correas y herrajes, se coló en el fino espacio abierto entre su cráneo y el metal del duro yelmo y arribó hasta su oído incrédulo. Giró en derredor buscando la fuente del sonido sin dejar de blandir el mangual y la espada. El piso del bosque era una devastación de cuerpos carmesíes y monturas desmembradas. Y por el profundo túnel de abetos las hordas de jinetes que llegaban  envueltos en gruesas pieles prometían aún larga la lucha. Hendió, atravesó y trituró, pero al fin pudo apostar su espalda al duro tronco de una secuoya y contemplar el vaho hediondo de las heridas abiertas. Nadie le acosó durante un minuto o dos. Sólo aquella voz que repetía meliflua y vagamente su nombre con un acento infrahumano: Ingaard, Ingaard…
 Una fuerza imprudente y desconocida en él le dictó sacarse el yelmo y 
recular pendiente arriba. Temió que fuera el miedo a morir aquel día bajo el hierro del norteño. Pero no, era la voz que le llamaba y lo atraía hacía otro punto del bosque. Desde la loma atisbó, allá abajo, cómo los hombres mataban y morían sin echarle aún en falta. Se giró, y afrontó el espeso follaje cada vez más cerrado y disuasorio. Al poco, dejó de oír los alaridos y el cristal roto de los metales, para centrarse tan sólo en el viento moviéndose entre las hojas, en el canto de los pájaros y en aquella sepulcral voz que lo citaba.
Desorientado, en un arroyo se zafó de su peto y de toda impedimenta, y no sintió el frío. La voz, más rotunda a cada paso, lo instó a quedarse sin ropa y a fundirse entre los helechos y las matas de fresas salvajes. Las plantas de los pies patinaban constantemente sobre el musgo húmedo, y llegado a la boca de una inmensa caverna, sintió por primera vez que los trinos habían desaparecido del bosque, y que el silencio era absoluto de no ser por la tonante voz que le llamaba desde el interior de la gruta.
La oscuridad comenzó a ceder pasados quinientos metros. Del techo de la cueva se abría un ligera linterna entre la roca.Volcaba un haz de claridad que a duras penas permitía vislumbrar nada entre las sombras. Pero algo se movió. Un ser inmenso se fue acercando al rayo de sol, e Ingaard pudo ver cómo la ducha de luz delineaba una osamenta y  los contornos del ser más aterrador que jamás pudo haber imaginado, mientras que de su monstruosa boca, una voz sísmica y global se abría paso entre los cientos de colmillos y emitía su nombre como la sirenas cantaran otrora el de Ulises.
 Mi hermano se encarga de la banda sonora. Horn of the rhino. Wendigo.
Se aconseja la lectura con la música de fondo. El texto, parece que vale algo con el binomio.

sábado, 3 de diciembre de 2011

ALDEBARAN

Franzen, en su novela Libertad, entre otros muchos temas me deleitaba con las reflexiones de Walter acerca del Grupo de Londres y su “crecimiento cero”.Por lo que a mí respecta nunca voy a ser capaz de sacrificar mi afán por el crecimiento continuo. Soy un puro engranaje en el sistema. Ya es tarde, lo llevo tatuado en el cromosoma. Me encantaría llamarme Jeremiah Johnson, Supertramp o Henry David Thoreau, pero tengo pulso de tuerca y a veces me veo como si fuera un Charlot girando entre los engranajes de estos Tiempos modernos. Acabo de recibir los resultados de este mi año que acaba, y obtengo un 110% del presupuesto al que me encadenaron. Que qué. Pues que estoy muy contento, ya lo he dicho antes. Enseguida me pondrán otra zanahoria podrida en las narices y correré cual galgo dopado en el canódromo de mi vida. Enseñando los dientes y diciendo “gracias” entre los bufidos y resuellos de la carrera. Vueltas y vueltas y más vueltas. Y vuelta a empezar.
Cuando lo prudente sería tender hacia el crecimiento nulo, e incluso menguar ligeramente en aras de una sensata sostenibilidad que diera un descanso a los finitos recursos. Claro que, resulta indignante apoyar la postura del retroceso cuando tantos y tantos millones de personas se encuentran tan por debajo de la dignidad humana.
Bromeando el otro día con un amigo que espera su tercer mastuerzo y que tenía la cara dura de echarme en cara mis deplorables hábitos para con el noble arte del reciclaje de las basuras en el hogar, le espeté, que aunque él reciclara infinitamente más que esta servidora, sin embargo sus efectos criminales hacia el planeta eran el triple de rotundos que los míos. Hay que cumplir con la especie, le dije, y tener sólo un hijo, o mejor aún, adoptarlo. Pero sólo uno, releches. La redundancia en la paternidad es propia sólo de sociedades agrícolas, del neolítico. Pertinente solo para acrecentar la mano de obra  en el minifundio y ahorrarse un mulo, una vaca, o dos. Hoy día una mente ecológica y que recicla cada desperdicio en su correspondiente container de color, debería saber que el superhábit más allá de la unidad en lo que a hijos se refiere supone cargar con dinamita de alta inflamabilidad el corazón de este planeta que quieres salvar a costa de discriminar el cristal, el plástico o el hollejo de las uvas. Con familias como la tuya, insistí, de tres en tres o de cuatro en cuatro lo único que generas es una consunción del planeta por el consumo triplicado o cuadruplicado de mastuerzos. Que sí, que luego cuando les pones un nombre y algo de ropa y los quieres está bien, pero así, en frío, no son sino mastuerzos-termitas que agotarán lo poco que quede de gas y de carbón en el subsuelo.

¿Esperanza? Nula. Cuestión de tiempo, eso sí. No lo veremos, es la pena. Sucumbir por agotamiento es lo que le queda a esta pelota que gira y que tuvo la mala fortuna de que evolucionáramos en ella. Quizás con un poco de suerte, y tras agotar los recursos de algunas lunas y asteroides cercanos, demos el paso definitivo y montemos en una Enterprise, en un Discovery 1 o en un Nostromo y dejemos atrás nuestro viejo planeta gastado y viejo para fustigar nuevos mundos hasta destruirlos otra vez.

En el cumpleaños de Iñigo le regalamos Aldebarán, colosal cómic de Leo, donde se desarrolla la idea de la colonización terrícola más allá del Sistema Solar. Un nuevo Mundo, un Renacimiento, una Nueva Oportunidad. También nuevos paisajes y criaturas entre las que destaca la fabulosa Mantriz, una especie que se encargará de tutelar  la incursión de la humanidad en el espacio.

Iñigo se lo bebió en dos días, y yo en los dos siguientes. Así que nos hemos hecho con el volumen 2: Betelgeuse. Colosal.

Se trata pues de una estupenda saga de ciencia ficción. (Aún me acuerdo de cómo disfruté de Fundación de Asimov hace ya tantos años.)
Con una imaginación deslumbrante, aunque contenida en el aspecto artístico, nos presenta una defensa del ecologismo y de la necesidad de respetar el entorno para poder sobrevivir. Hace poco le regalé también El Incal de Jodorowsky-Moebius y quedó alucinado. Asombrado completamente, como cuando yo lo leí en los ochenta. Aldebarán y Betelgeuse cuentan con un tercer tomo, Antares, que aún no se ha traducido al español y que por tanto no está disponible.

lunes, 28 de noviembre de 2011

rainbow sleeves



A veces llego tarde a las cosas. He llegado tarde por ejemplo a Ricky Lee Jones. Pero mañana me pongo al día. De nuevo la sala BBK. Concierto de la antigua novia de Tom Waits. Sé que es un poco injusto referirse a ella de esta manera. Pero es que a Tom Waits sí llegué a tiempo, y es un referente de mis tímpanos desde hace tantos años. Este Rainbow Sleeves rezuma  "waitsismo" por los cuatro costados y casi apetece oir la voz rota de Tom. Sin embargo, la pieza es redonda con la voz de Ricky Lee. Seguro que no la interpreta porque sólo nos dará una nueva versión de los temas de sus dos primeros álbumes " Ricky Lee Jones" y "Pirates", con una banda completa, incluídos los metales.




Nighthawks siempre me ha venido a la mente con muchas de la canciones de T.W.

viernes, 25 de noviembre de 2011

NO TOCÓ "SONG FOR BILBAO"

 
Se me antojó un plató de televisión de la BBC en los años 60 ó 70, con los colores todavía tan pastosos y lejanos del HD: el rojo intenso del telón aterciopelado del fondo, la luz verdosa que iluminaba en contrapicado cada una de las palmeras dispuestas por el escenario, la inquietante penumbra en la que aguardaban las tres guitarras de  Pat Meheny.
Dejé a Iñigo en su asiento y mientras el público buscaba su acomodo atisbé la cabeza de Mikel entre el gentío y fui a saludarlo. Iba con un amigo, el dueño del pub Tobarish de Deusto, un incondicional de P.M. que con ésta atesoraba ya en diez u once las veces que había visto en vivo al de Missouri. No por nada, el logo del Tobarish es un instrumento de cuerda, una balalaika contenida en un círculo. Al final olvidé preguntarle a Mikel cómo era que había encontrado el camino hasta este huerto. Me seguirá intrigando.

Volví con mi niño y con sus quince añitos. Tan tenso, tan hierático él, tan avizor, tan extraordinario. Luego, al final y ya de camino a casa  me confesó que le había encantado el concierto y que llegó a reconocer dos o tres temas. PORTENTOSO.
Las tres primeras piezas fueron un diálogo entre la guitarra de Metheny y el contrabajo de Grenadier. Creo haberle entendido, cuando se dirigió al público, que estos primeros cortes eran fruto de la amistad y colaboración con Brad Melhdau, quien por cierto estará en esta misma sala un martes del próximo mes de diciembre. ¿Iremos?
Ocurre que Pat cuenta con muchos registros. Y el desplegado en estos primeros temas (tan del estilo del P.M. Quartet) exige la colaboración activa del auditorio. Son temas poliédricos donde la melodía principal se desliza como una anguila entre los acordes y escalas de la improvisación. Tan pronto la identificas como la sientes desvanecerse entre la vertiginosa digitalización de este monstruo. INMENSO.
Por supuesto, Larry Grenadier pasó el examen con Flying Colours, a la altura de la estrella a la que apuntalaba, ofreciendo unos solos que nos dejaron boquiabiertos.


Cuando Pat coge, sin embargo, su guitarra tuneada con voz de sintetizador, entramos ya en lo que viene siendo el sonido de PAT METHENY GROUP. Eran sólo tres en el escenario pero ya sonaban a Big Band, y comenzaron a desgranar, uno tras otro, varios temas más o menos conocidos. BESTIAL.
PERO, Pero, pero…Ocurre que le pasan una modesta guitarra española; sus adláteres le dejan solo en el taburete en el que se sienta; y se apagan las luces hasta dejar un solo foco a él dirigido. Y entonces, sin previo aviso, comienza a desplegar  las primeras notas de Always and Forever. Esta pieza siempre me desarma. Y sin lugar a dudas podría decir que es mi favorita entre las veinte favoritas que pudiera nombrar. A&F me contrajo la espina dorsal a base de escalofríos. Cómo me asombra la naturalidad y tranquilidad  con la que este tipo puede desmigar el maná ante un atónito auditorio de mortales e incrédulas orejas.
Sin moverse del pequeño taburete, cambia entonces de instrumento para acoger entre sus brazos esa extravagancia de creación propia  que es su guitarra “Picasso”. Como genio que es, se le perdona eso y todo lo que él quiera que se le perdone. Era la primera vez que yo veía a la “Picasso” en directo, y he de admitir que es una fiesta ver a Pat tocándola y sacándole tanto partido a esa mezcla de guitarra, arpa, mandolina, bajo y (en honor al amigo de Mikel) balalaika. GLORIOSO

El fin de fiesta fue su particular apoteosis de la técnica. Cuando mientras grababa en directo algunos compases para, a renglón seguido, reproducirlos y crear nuevos fraseos sobre ellos, edificaba una atmósfera densa, un momento mágico, una endiablada estructura que casi podías tocar. No sé todavía cómo esas grabaciones se iban convirtiendo de sonido de cuerda en percusión de metalófono, mientras en unas estructuras juliovernianas se iban encendiendo una serie de psicodélicas botellas.
En fin, algo difícil de explicar, y tan vistoso como innecesario y prescindible. Un tour de forcé bizarro y extravagante por el que deberíamos pasar por alto.
Anyway, érase un hombre a un mástil pegado: Pat Metheny. Virtuosismo y condenada calidad. Camisa azul con rayas blancas horizontales. Melena estropajosa pero limpia. Y desde luego, la misma cara de ser humano y de muy, muy, muy buena persona.
Abandonó Bilbao pues, para tocar dos días después en Barcelona, y este fin de semana en el que ya estamos, en Israel.

Como ya he colgado en varias ocasiones videos de P.M. tampoco es necesario que colapse la videoteca con nuestro amigo. Aquí dejo por tanto otro monstruo al que me estoy aficionando últimamente: Trombone Shorty. ¿Es otra historia? NO. Es buena música. Es New Orleans. Es Trombone Shorty.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Every Rose has its thorn

Por motivos que no vienen al caso, este dominguero se queda hoy de secano en casita, aunque la jornada de reflexión fue la de ayer. Por cierto, mi voto va para Rosa Díez. Para muchos tránsfuga, pero para casi todos piedra en el zapato. Haciendo honor a su nombre afila las espinas para que las balanzas de cada C.A. tiendan hacia la sensatez de la labor púplica y no hacia la inercia, ya consuetudinaria casi, del bien propio. Adiós diputaciones y senado y cancela para el nacionalismo tan romántico y destructivo para con lo distinto. Lo uno, el bat, es egoista por definición, onanista por práctica y legendario en sus genealogías siempre presentes.Las espinas de Rosa harán sangrar a quien quiera alargar esta tendencia de país más federalista que Suiza Alemaia y EEUU juntos. Un poco más de denominador común, por favor, y menos centrifugismo. Lo razonable se confunde y se pierde entre el bosque de palabras altisonantes y obediencia a partidos; por no decir entre derechos "forales" que se originaron hace más de trescientes años en circunstancias, cómo decirlo, algo distintas a las de hoy día. Abajo la pluralidad a dos. Hay más alfabeto que A y B.
Rosa para que necesiten cogerla, para que les haga falta en sus matemáticas de escaño.Pero Rosa con espinas para que deje marca y haya intercambio de fluidos.
Cada rosa tiene su espina.

domingo, 13 de noviembre de 2011

OTAÑES

Llevaba injertadas en las pantorrillas tres hectáreas de tierra cántabra. El agua de la ducha enturbió con ellas el plato y tuve miedo de que se hiciera un trombo y anegase todo el baño. Un tapón de barro otañés. Lo poco que ha llovido estos días de atrás ha mantenido vivos unos charcos de barro bantú en todas las zonas de sombra por las que hemos pasado.
Como ya la espalda no aguanta el violento ajetreo de correr, de hacer footing, jogging, marcha... hemos trocado la Herri Krosa de esta mañana en Bilbao,  por un destino sugerido por el hermano de Edu Laguna: Otañes. Cantabria. Un pueblito anejo a Castro Urdiales.
31,5 km de distancia. 1120 m. de desnivel acumulado. Pendiente máxima de +17,8 % de subida, y de -36,8 % de bajada. Un tiempo algo más fresco que el de ayer y el cielo cubierto y amagando aunque sin llegar a soltar nunca ni una gota. Buen clima por tanto para los menesterosos del BTT, aunque yo hubiera agradecido una buena canícula con las que me crezco y a las que sé responder en condiciones. De nuevo la ausencia de sol nos atenúa una vista vívida del Cantábrico. Inmenso a nuestros pies, más allá de las rocas broncas de esta zona y de la cantera.

El de Pescara se ha mostrado bravo. Seguimos jaleándonos a pleno pulmón para buscar  esa fuerza que se nos escurre pendiente abajo. El resto de ciclistas deben pensar que estamos locos. Pero no es sino la técnica de Arantxa Sánchez Vicario en tierra batida, o la de Keith Jarret jadeando sobre las teclas de un Steinway.
Nunca había rodado entre tantos eucaliptos. Pensé que de estar incubando el menor catarro, con tanto aroma a chicle de menta se me quitaba seguro. El piso es muy desagradable, muy seco y agrietado, y las bajadas han sido muy técnicas en algunas ocasiones.
Nos llega este wikileak por mano de Edu, y hubiera sido lo suyo que el de Maruri se hubiera apuntado, pero está a otros menesteres. Y el que me bautizó en el oficio se me hace esquivo. Escúchame: este año no te escapas. Te llevaré a un concierto de Jazz en tu cumpleaños.

Nos ha servido también para mantener el tipo tras quince días de recogida obligada por la borrasca y el ciclón. El 26 se apróxima inexorable y nosotros somos los anfitriones. Los guipuzcoanos querrán brillar en plaza ajena y es seguro que se estárán esculpiendo en bronce los gemelos.
Amén por tanto a la incursión por tierras del oeste. Sin caídas. Sin pinchazos. Un italiano resuelto y divertente a la mia vera.
Llego a casa con la hectárea de tierra acoplada en las corvas, ahito de cocacolas y sustancia amarilla e isotónica. Me aguarda sobre la mesa una lubina al horno con los flancos abiertos en pose de bienvenida. Antes del cóctel de ibuprofeno me abro una botella de Rioja: Sobrón, reserva del 2002. El tempranillo siempre le ha gustado a las lubinas. Noto en el estómago su alborozo toda vez que le escancio un decilitro por que nade. Al tercer de sus procaces aleteos decido recoger y echar la siesta.
Aquí va la imaginería, nunca justa con las sensaciones vividas esta mañana.
Las disfruten. Repórtenme si les gustan.
Exultante. 
¿Hay mejor manera de pasar una mañana de domingo?. 
Es una pregunta retórica. No respondan.

Esta amiga no llegó a subirla nadie. 
Palabra. 
Maurizio parece devastado por echar pie a tierra. 
Mas todos lo hicimos. Stroncios que somos. Amaljamados.
Por esto no quiero salir casi nunca en las fotos


El hilo del camino ascendido blanquea entra la foresta.


sábado, 12 de noviembre de 2011

THE BERGLUNDS

 Descansar de los números, de las ventas, de las presentaciones, de los informes. Desconectar de internet y de cualquier enchufe. Sacar la llave del contacto y apagar las radios. Ahora leo. Leo. LEO.
Zambullirme durante varias semanas y curiosear intestinamente en la familia Berglund. La formada por Patty y por Walter desde sus tiempos de universidad. Por sus dos hijos y por sus inadaptaciones, fracasos y decepciones. Asistir al efecto que Richard Katz provoca en la pareja toda vez que prorrumpe en ella recordándoles que es un vértice más de ese triángulo que han formado desde el principio de los tiempos.
Sorprenderme cuando Walter encuentra al fin un bote salvavidas en los brazos de Lalitha mientras se obstina en salvar al mundo del terror de la sobrepoblación. Sin embargo no puede abandonar el barco de Patty por mucho que le duela y apunte a pique la proa. No puede hacerle eso. Es Patty. O más bien porque Walter es como es y no puede cambiar a los 47 años. ¿O sí?.
Katz es un músico afortunado. Llega a optar a un grammy incluso, para luego abandonar la carrera y volver a su viejo oficio de techador.
Me imagino la figura de Richard como la de Dave Matthews, un poco más espigado y sin tanta frente despoblada. De EEUU no viene todo, no todo lo exportan, a veces se crea un cuello de botella para determinados grupos musicales, determinadas modas, libros, series de TV... Dave Matthews es un caso especial. Se trata de un simbionte, de un clon de Ferrán Adriá. Trocó lo fogones al cerrar El Bulli y adoptó esta nueva vida de replicante para llenar los estadios de toda América.

Dave Matthews Band / You & Me from Michael Baldwin on Vimeo.

domingo, 6 de noviembre de 2011

SONG FOR BILBAO

¿Se podría imaginar Pat Metheny allá por los ochenta, cuando compuso "Song for Bilbao", que llegaría a tocar pasados treinta años en plena Gran Vía de la Villa?
Song for Bilbao se encuentra en el disco TRAVELS, el primer disco que grabó en directo, y vengo oyéndolo, incansablemente desde el siglo pasado, hasta el punto de poder silbar cada una de sus notas mientras el tema avanza y conquista cada rincón de esta casa.
El día 22 viene pues a Bilbao, a la Sala BBK, y desde el viernes, que me enteré y compré las entradas, vivo sin vivir en mí, mas sabiendo lo que espero.
Para mayor deleite, llevaré a Iñigo, para bautizarlo a sus quice añitos en las aguas del virtuosismo y la sensibilidad de este músico con cara de tan, tan, tan buena persona. Aunque, en puridad, no será quizás la primera vez que lo escuche, ya que a mediados de julio de 1996, esto es, dos meses antes de que naciera, asistió -dentro del ostensibilísimo embarazo de Iciar- al festival de Jazz de Vitoria, donde los rasgueos y punteos de Metheny seguro que vibraron por entre el líquido amniótico que lo rodeaba hasta alcanzar sus ya formadas orejitas.
Veremos pues, y oiremos muy bien (primera fila aunque un tanto ladeada) el nuevo disco de versiones que parece acaba de editar. Supongo que por versiones querrán decir "standars". Guay.
Por todo ello, no puedo sino colgar aquí el video de Song for Bilbao, donde curiosamente el bueno de Pat deja brillar a sus maravillosos músicos. Entre ellos, mención al espectacular  y admirado Richard Bona -con permiso de Lyle Mays- con su bajo de cinco cuerdas al que festonea con la voz dando ese toque suyo tan característico.
No hace ni un mes que fuimos los tres a esta misma sala BBK a ver a Jack Bruce, y lo cierto es que a más tiempo que pasa con mayor decepción lo recuerdo. Las pocas veces que he visto una banda liderada por el bajo, siempre me ha causado una pésima impresión, debido a la obligada necesidad de tener que destacar por encima de todos los instrumentos a uno que, desde mi punto de vista, no ha nacido para ello.
Cuando más me gustaba JACO PASTORIUS era cuando más integrado lo oía en Weather Report; Richard Bona mejora el conjunto de la Pat Metheny Group en los años que estuvo en ella, y ni que decir tiene que STEPS AHEAD está cojo sin su rotundo bajo; Marcus Miller, gigantesco siempre que lo he oído integrado con Miles o con cualquier otro, pero también lo he visto en directo y tanto solo infinito de bajo percutor, así como su monopolio de estrella por el escenario, acabó por estragarme; Phil Lynnot era otra cosa, otro género, otro color, y su bajo siempre lo he sentido fuerte pero integradísimo en los Lizzy.
El abuelete Jack Bruce hizo unos méritos extraordinarios para mantener el tipo, pero sin embargo, su estilo no es como para destacar de solista en una banda como la que se trajo. Está más bien para darle el reloj de oro y la banda tricolor pero no para que le dejen aburrir al personal, con permiso de los nostálgicos trasnochados. Bruce necesita a Cream, o a un Gallagher al que pautar y crear la base rítmica con su bajo machacón, pero no es para nada un virtuoso al que se le pueda hacer silencio para un solo.
Bueno, pero me estoy yendo por las ramas, aunque hablando de bajos o contrabajos, no hubiera estado nada mal que Pat Metheny se hubiera traído a mi admirado Dave Holland, o a su querido colega Charlie Haden para deleitarnos con Cinema Paradiso.
Listos pues para aplaudir en cuanto salga con su camiseta de rayas horizontales y su sonrisa de amigo de toda la vida. Hagan un silencio respetuoso y se deleiten.

martes, 1 de noviembre de 2011

IR SOLO

Es lo que tiene ir en buena compaña. Te acostumbras a esperar o a que te aguarden en las curvas. Parloteas vagamente sin afán de profundizar en nada, tan sólo por aliñar con palabras el runrún del pedaleo. Pero cuando lo previsto es que si sales lo harás solo, como antaño, entonces empiezas a ponerte excusas. Y esperas en el rebozo de la cama que se oigan las gotas de lluvia arreciando contra la chapa que en el patio protege el cuadro del gas. O sencillamente esperas no despertarte hasta las diez, ya demasiado tarde para inciar nada. Pero no. Ningún palo entre los radios que impida lo previsto, sólo el silencio matinal de la casa y una especie de saudade por todos los rincones, que al principio interpretas como un augurio de algo, ¿de que me quede? igual si salgo me caigo y yendo solo ya se sabe... ahí te quedas olvidado en un pinar, fracturado algún hueso y el orgullo. Pero no. Sólo es saudade de martes de difuntos. Recuerdas que la previsión del tiempo es que mañana entra una borrasca de las buenas que se va a quedar un tiempo echando agua por todo el auskalmet. Así que es otra prueba más de que hay que aprovechar la mañana y salir con Scott a que le dé el aire. Aún así noto el agarrotamiento de la tristeza del día 1 de noviembre. Qué tontería, pero algo me frena el alborazo de salir en bici al Pagasarri.

Efectivamente, luego todo el monte me gritó lo que yo sentía por dentro. Y huí hacia arriba, esperando que la densidad de la tristeza la lastrara en la zona baja del día. Ascendí pues, subí, trepé con rabia con la ayuda de Scott, hasta que comprobé que era inutil: la luz pastosa y un silencio sin viento entre los árboles hacian de los caminos solitarios una especie de ensoñación triste y viscosa.
Los pocos montañeros que topé, los bikers que vi, todos sumidos en una suerte de amodorramiento incierto. En grupos pero sin hablar mucho entre ellos. Los ojos bajos llenos de noviembre. En el Refugio tomé mi caldo mientras a mi alrededor se echaba en falta la algarabía de los huevos con bacón y la preparación de la vuelta a la ciudad. Bajé por la pista más transitada solo por evitar la soledad de las trochas que usualemente me gustan. Sorteé con mucho tiento a los zombies que subían pesadamente mirando el suelo. Y ya en Bilbao tras dejarla en el taller a buen recaudo, encontré a mi padre deambulando por las calles, arrastrando su particular día de difuntos, el primero sin ella. Nos tomamos cuatro vinos, dos Albariños y dos Ribeiros. No quiso venir a comer a casa. Nos separamos ahítos de 1 de noviembre. Nuestro primer 1 de noviembre. Lo vi alejarse. Arrastrando su soledad. Eligiéndola. Paladeándola


sábado, 22 de octubre de 2011

FRONTERAS

Le paso a  Iñigo la lección. La colonización en el siglo XIX, la descolonización tras las dos guerras. Las largas fronteras tiradas con cartabón separando las tribus en Africa. Los belgas en el congo y los holandeses en Surafrica. Toda la zona subsahariana a precio de saldo dependiendo de las materias primas que atesoraran, de las minas, de oro, de coltán, maderas... Liberia, con su rimbombante nombre bautizada por Monrowe. Sumidero de occidente, cantera de futbolistas-gladiadores. Africa se dice de una vez en tres sílabas, pero atesora mil mundos. Ese reduccionismo del que somos tan partidarios. Ahora votamos y vemos sólo como objetivo salir de la crisis y del paro. Pero podríamos también leer la letra pequeña del trágala que quieren vendernos, y mirar más allá de nuestra barriada capitalista. Qué hacer con lo que no vemos pero de lo que debemos sentirnos responsables. No podemos dejar que las pantallas de LCD y plasma nos amortigüen la conciencia hasta prorrumpir con el cinismo más espeluznante: "ya nada me asombra".

viernes, 21 de octubre de 2011

LIBERTAD


 De JONATHAN FRANZEN



Quedo con Sonia en la cafetería Boss. Ha elegido ella el enclave porque se encuentra  junto al ambulatorio de Dr. Areilza, donde  a las 9:20 se va a someter a una prueba relacionada con un quiste no muy tranquilizador que le encontraron hace seis meses en uno de sus ovarios. Tomo un café duro de sabor junto a unas intactas tartas de fantasía y a unos pintxos de tortilla de patata. También tomo el control de mis impulsos matinales y resisto con ardor, no cayendo en la tentación de una vorágine de aromas y sabores. Sé que a la noche, cuando consulte los dígitos de la balanza que he apostado junto a la cama, me lo agradeceré con una ligera y satisfecha sacudida de mentón.
Sonia entra entonces en la cafetería con la bolsa entre las manos, tendiéndomela como con prisa,  y sin dar paso a introitos ni a  preámbulos. Me dice que había imaginado que querría empezarlo de inmediato, y que por eso me ha llamado tan temprano. Yo paso por alto el tema puntual que nos ha traído a Boss, y me centro en ella, en si está tranquila o no, en si quiere pedir té o café... Dice que no, y me confiesa que sí, que está muy nerviosa, y que además su ginecólogo es un viejo desabrido con el que no se siente muy a gusto, aunque haya decidido darle una última oportunidad antes de tomar la decisión de cambiar de facultativo. Tratamos el tema de la sanidad pública frente a la privada, de la vergüenza del mercadeo con los temas de salud. La veo más entera que cuando aquella tarde entró en la oficina y rompió en llanto al intentar contarnos los resultados de la analítica. Habla de ello ya con serenidad y confianza, y quiero creer que todo sigue el mejor de los cursos para volver a encauzar la vida de Sonia en lo que siempre ha sido la vida de Sonia: su hijo, su marido en Londres, su trabajo…
Agotado el asunto Sonia, nos embarcamos en el del libro. Lo saca de la bolsa de Elkar y lo agita someramente en el aire mientras suelta alguna puntada graciosa acerca del grosor y del peso. El librero amigo y cliente suyo que se lo ha vendido, le ha dicho que es una maravilla de novela y que está teniendo muchas ventas durante esta su  primera semana. Seguramente Arkaitz, que así creo recordar se llama el librero, creería que era sonia quien iba a leerlo, y se habrá esmerado en alabarle el gusto y en  rodear la venta con comentarios y frases hechas que usará con los buenos y asiduos clientes. Sin embargo, el éxito de ventas alcanzado en  estos siete días -pienso yo- no cuenta con mucho mérito, ya que se ha desplegado una campaña salvaje por parte de la editorial Salamandra, que ha sembrado escaparates y mesas de novedades con ejemplares y carteles. Miro el volumen y fijo los ojos en la faja carmesí que le han ceñido, donde reza la leyenda: El acontecimiento literario del año.
Saco también el tíquet de compra y veo lo que le debo. El otro día, cuando en medio de nuestras conversaciones literarias le dije que me iba a comprar Libertad de Jonathan Franzen, Sonia insistió en que me lo conseguiría ella porque le hacían un descuento considerable, y en que por favor le dejara hacerme uno. Insistió con encono y tan deliciosamente que accedí, y ahora que veo y observo la nota compruebo que de los 25 €  que cuesta se lo han puesto en 18`20€, casi siete de diferencia. No tengo suelto, y le doy un billete de veinte. Ella insiste en que cambie en la barra y que le dé el precio justo, y yo en que lo dejemos así por las molestias. Salimos al fresco de octubre y nos despedimos con dos besos en las escalinatas del ambulatorio. Hace ahora un año las subía yo también sumido en un sinfín de cábalas, atormentado y vacío. Me dirijo hacia al coche para ir a Rentería. En la bolsa, Franzen me promete, con su peso, una experiencia de pausado y profundo deleite. Mientras giró la llave de la puerta del coche vuelvo la cabeza para ver la escalinata solitaria por donde ha subido Sonia.


domingo, 16 de octubre de 2011

Should I stay or should I go.

Si alguna vez vuelvo a cumplir cuarenta años sería partidario de que Iciar me ocultara los preparativos de una fiesta sorpresa donde aglutinara la flor y nata de mis conocidos y amigos. Las filtraciones serían un riesgo permanente, porque llevar ese negociado durante al menos dos meses, mail arriba sms abajo, y teniedo que varear tanto ganado y que no se tenga que mugir ni que piafar, no sería tarea fácil. Sería una muy buena idea que los invitados trajeran postres a cuál más sabroso, donde el mascarpone del tiramisú riñera por los laureles con el flan de café y la tarta de queso. Y la música...Oooohhh!  Sé que la música la seleccionaría al detalle para que el grupo comulgase con un sentimiento de pertenencia y origen en el pasado más vibrante y cool. Donde Bowie y el My Sharonna de The Knack hicieran los honores al resto de hits de los ochenta y noventa.
Les regalaría el oído con algo que no esperaran, como el Centerfold de la J. Geils Band. Y llegaríamos a ese  momento donde ya la inercia nos arrojaría por igual a las curly melenas de boney M que a los pechos virginales de Madonna. Sé que la fiesta sería en mi honor, pero si al final se quedaran a mi lado dos o tres elegidos, y uno de ellos triscara y brincara enajenado de manera insólita con una camiseta de dos guitarras cruzadas y una especie de guante oscuro en la mano diestra, entonces, digo, es cuando daría la fiesta por bien traída.
Gracias Miguel y Maite

domingo, 2 de octubre de 2011

DEBERÍA HABER HECHO LA CORTA PERO HE HECHO LA LARGA


Tras Pagoeta, Scott quedó maltrecha. Me daba apuro dejarla sola en la oscuridad del taller de mi padre, con sus radios destensados y las zapatas trémulas y desgastadas. Así pues conseguí que Iciar -sin que sirviera de precedente- me dejara hospedarla en la sala, con el pedal apoyado en el espaldar del sofá. Hemos pasado pues, tres días juntos, hasta que el miércoles la llavé a Ciclos Maestre como viene siendo habitual. Allí la conocen, la tratan bien, y ella no se queja cuando la dejo en las manos extrañas aunque expertas de Guillermo, el mecánico. No por nada, allí la compré, o me la compró Iciar por mi cumpleaños, por lo que un algo de "vuelta a los orígenes" seguro que pasa por los cables de Scott hasta el mismo centro de su pedelaier.

Pues pasó que no estuvo Gullermo, y el mazas de turno me espeta que si tenía o no cita previa. Así, como si a pasar la ITV fuera uno, oye! Que no me la coge. Que está hasta la bandera. Pero, mira que es que la tengo aquí, que la he bajado de casa, que es ésta que estoy asiendo por los puños. Que un rincón se le hace a cualquiera, sobre todo porque ya te la he bajado. Y que no, y que no y que no...que se la lleve el lunes, que deje el nombre y que me toma nota.
Así que, dolidos y ultrajados, decidí iniciar el peregrinaje por las dos o tres tiendas que me merecen confianza aquí en la Villa.
Fui a parar a LA BICICLETA, donde presto y raudo nos hicieron hueco y quedamos para el viernes. A Scott pareció no importarle, aunque se le erizaron los cables del freno cuando el operario nos dijo que se la veía muy usada, y que un cambio de transmisión, con piñonada y todo, estaba siendo ya más que necesario. Sé que Scott necesita tiempo para asimilar un metemano de tal envergadura, y seguramente mi cartera también. 
Al salir, lo vi. El cartel, digo. En tres días salía desde USÁNSOLO la martxa memorial Joserra (parece que el apellido no es tan importante, y que en el pueblo lo debía conocer todo dios). Así que allí mismo, sin consultar con la almohada ni oráculos ni poyas, decidí que si me la arreglaban para antes del sábado, el domingo me apuntaba.
Y ya está. YA lo he hecho. Son las cinco de la tarde y lo estoy escribiendo. Se ha portado como lo que es, una Máquina, así, con mayúscula. Le hará falta el cambio de la transmisión, y con un amortiguador trasero trataría el mío con más delicadeza. Pero y qué!? Es Scott y la quiero. Con un poco de mi parte me ha llevado por parajes de ensueño. Ha frenado y arremetido a mi gesto. Ha mostrado el brío y el resuello en las trochas más cabronas.
Así que llegábamos a los triángulos de peligro con la leyenda de "bajada peligrosa", Scott me transmitía un leve impulso de aviso. Ella, tan rodada...
45 kilómetros. La corta lo ignoro. Pero debería haber optado por ella. Más que nada por mi hernia. Dolorido como estoy ahora, he de buscar la postura menos hostil mientras escribo, la pose más antiálgica, aunque es inevitable, la espalda se queja  y aquí viene...el latigazo...sube...AAAYYYY!!!! ...Ya está. Ya pasó. En breve empezará a hacer efecto el ibuprofeno.
Me he encontrado allí con Gotzon, uno compañero de la oficina. Mucho más fuerte que yo, pues sale cada tarde los siete días de la semana. Una religión. Bonita su Merida. Al final he hecho la larga con él por la tontería esa de que no se diga y tal...Aunque yo era claro candidato de la corta. Que ni sé cuán larga era si quiera. El italiano rompiendo las reglas de la santa iglesia romana se ha quedado trabajando en domingo, que le venía una profesora de USA y tenía que hacerle el agasajo y  parabién como patrón y anfitrión que es.
Pero bueno. Pues ya está. Cuelgo publiparaje. Y hasta la próxima.
Qué atribulada vida la del que cicla lejos del mundanal ruido.

Llegado a un punto me uní a un grupo de cinco nabos, y por seguir su rueda, seguí su error. El primero no vio un desvío. Y el resto, más atentos a la rueda del de alante que a las marcas, nos dejamos llevar por el más nabo hasta perder unos 40 minutos, unos cinco kilómetros y no sé cuántos julios de fuerza. Ese es el monte al que subimos. Monte con vértice geod. y buzón y toda la gaita. Para luego bajarlo. Maldita mi estampa.
Y ahí va el primero, de rojo, derecho a la cima que se ve al fondo.

Lo que dije.El buzoncito a la izquierda, y Scott, estoica y paciente, haciendo cima, para bajar al momento a buscar el desvío correcto.
 No hubo tiempo para correspondencias. El monte se llamaba Artanda, y tenía 554 metros de altitud. El no tenía la culpa, pero me cago en sus muertos, estaba fuera de ruta.
El menda con Gotzoni. Scott me echó la bronca luego por no haberla sacado en el plano.
El avituallamiento, de primera. Naranja troceadas, plátanos, barrita de cereales de chocolate y/o de fresa, galletas de vainilla, coca colas, agua fresca, y Gatorade rojo, que es lo que estoy acunando aquí. He tomado de todo. Ya se me nota en el buche.
Claro que 12 eurazos. Que no, que no me quejo. Bien pagados. Seguro, Dya, organización... Un chaval se ha roto la muñeca poco antes de aparecer yo por allí, y enseguida se ha puesto en marcha la operación rescate. Es curioso escuchar sirenas de ambulancia por el monte.
El leon de la Metro ruge un hasta pronto.