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La mejor postura antiálgica

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sábado, 15 de mayo de 2010

MÁS CINE POR FAVOR





LAS VIUDAS DE LOS JUEVES
O
LA POLITICA DE LA MUERTE
O
                                     CONSERVAR LA LUCIDEZ EN LA DEPRESION



La elitista burbuja social, por muy presocráticamente esfera que sea, acaba por hacerse porosa y permeable. PELÍCULA SUBLIME. Adoro a los actores argentinos cuando son capaces de vocalizar, impostar y hacerse entender.
Quizás el desenlace demasiado forzado: esbozo de razones, que para mí deleite debieran haber argumentado ad nauseam los motivos. Bellísima la conversación al pie de la piscina con These foolish things de Rod Stewart en el blockbuster. Si hubiera sido Frank Sinatra encajaría (sólo visualmente) en Historias de Filadelfia. Bellísimas también Viale y Celentano.

lunes, 10 de mayo de 2010

PARECE UNA TONTERIA

Hace días que he terminado la recopilación de cuentos de Carver SHORT CUTS, editado por Anagrama y prologado por el propio Robert Altman. No están todas las historias de la película, pero sí la que se grabó a fuego lento en mi memoria. La historia del pobre pastelero que ignoraba la tragedia que se escondía tras la tarta abandonada. Se titula PARECE UNA TONTERÍA.
"...en momentos como éste, comer parece una tontería, pero sienta bien,"
La historia me sobrecogió en la pantalla y me ha sobrecogido en la página.
Una prueba de que fue el epicentro para mi es que de entre todos los actores que pueblan la película es la imagen de Bruce Davison la que siempre ha vuelto como resumen de lo que me dio el film.
Y lo he visto en más trabajos a este estupendo secundario, aunque siempre su papel de padre en PARECE UNA TONTERIA resumirá para mi su carrera como actor. Ni la madre, ni el niño atropellado y agonizante, ni los médicos por supuesto. Bruce Davison.
"...en momentos como éste, comer parece una tontería, pero sienta bien."
Y comieron bollos de canela con la capa de azúcar aún sin endurecer, recién salidos del horno.
Me acuerdo de cuando acompañé a mi padre al velatorio de su tío Vicente. Me acuerdo de la estupenda mesa llena de embutidos y botellas de vino que presidía la cocina, mientras en alguna habitación cantaban su dolor las plañideras. La familia más serena se encargaba de las tortillas de patata y de freir el lomo para que el dolor no hiciera más estragos de los ya infligidos. Yo era un niño, y la verdad es que no entiendo cómo mi padre decidió llevarme a tal fiesta de duelos y quebrantos. Recuerdo que comí mi taquito de tortilla, y de que ésta bajaba por mi seco gaznatito haciéndose un literal nudo en la garganta. Le daría un sorbito a la mirinda, pero los ayes y las frases de dolor a pleno grito hacían del bocado un duro trago.
Otras veces he vivido estos momentos inevitables de pesar y dolor, y he vuelto a ser testigo de estos abnegados auxiliares del duelo que piensan  que en momentos como esos, comer parece una tontería, pero sienta bien.

sábado, 8 de mayo de 2010

DAVID SPENCER

Qué intrincados cliqueos me han llevado por la red hasta toparme con la foto de David spencer junto a una insulsa entrevista que le hacen en un diario de Córdoba. Me entero, sin embargo, en ella, de que tenemos la misma edad, añada del 66, y de que sigue escribiendo libros de texto, ahora ya en solitario tras la aciaga pérdida de su amigo y tocayo el otro David, el Vaugham.
El fotógrafo le habrá pedido que pose así, un poco forzado junto a lo que parece una muela de molino de aceite, quizás un vestigio del paso de los califas por esas tierras meridionales.
Veo de nuevo su cara de niño triste, su flequillo de héroe de Paracuellos, y evoco su voz suave y docente siempre tratando con delicadeza y mesura su cuasi perfecto castellano.
Lo trasladé en mi coche en varias ocasiones a través de Navarra y La Rioja, de congreso en congreso y de charla en charla, por todos los C.O.P. que se nos ponían a tiro. A lo largo de aquellas rectas infinitas de la A-68 nos fuimos dando a conocer poco a poco, casi por llenar respetuosamente el silencio incómodo de los viajes. Y así supe lo orgulloso que se sentía de haber sido alumno y discípulo allá en la Universidad de Oxford del mismísimo Javier Marías.
Todo surgió al descubrir él sobre el salpicadero del viejo Opel Astra el vólumen de Todas las Almas que estaba leyendo un servidor. Los ojos se le hicieron Sparklings al avistarlo y ya no hubo más tema que la evocación de aquellos días de estudiante en Oxford, y la admiración que le profesaba al escritor que tan bien supo retratar en la novelita el ambiente cerrado y tan de naftalina de la vieja universidad. La asignatura que atendía Marías era tan minoritaria, que la impartía en su propia habitación cual si fuera una charla de amigos.
Apuesto a que Spencer habrá leído todo lo que ha salido de la pluma de Javier Marías, casi por obligado rendimiento de pleitesía a la memoria de aquellos años. Mi caso sería parecido de no ser por el enorme escollo que me supuso Tu rostro mañana, Fiebre y Lanza, que me ha apartado por ahora de su prosa más plúmbea y enojosa a  mi juicio.

Me ensalzó también -lo recuerdo- a un autor que le gustaba y del que yo no había oído hablar jamás aun siendo español, el autor digo. Julián Ríos, al que tenía por el James Joyce hispano, por el Proust del castellano, y al que el stablishment literario y cultural lo mantenía ignorado de la manera más injusta e ignominiosa. LARVA era la novela cumbre de Ríos, según me contaba David, con un estilo que se acercaba más al Finnegan´s Wake que al Ulises del inmortal dublinés. Inextricable por tanto. Como un Libro de Manuel de Cortazar, o como El ruido y la Furia de Faulkner.
Todo eso me contaba el bueno de David, con su carita de vino Sherry y su ropa de Marks and Spencer.
Y me entero hoy por esa entrevista andaluza de que sigue bregando con los phrasal verbs y las defining clauses. Seguirá vendiendo su lengua franca a nuestro duro oído. Aquí está, a la vera de esa muela enorme, mojando su picatoste en el platillo de aceite cordobés, mientras la brisa que llega de lejos, desde el estrecho, le atusa el flequillo ralo y lacio de héroe de Paracuellos.

miércoles, 28 de abril de 2010

MANTEL DE CUADROS

Antes de sentarme ya sabía que iba a ser una sobremesa memorable. el día era uno de los más colorados del almanaque a pesar de estar en medio de la semana. El pronóstico del meteosat se cumple y voy al volante con el salpicadero marcando 30º y medio de canícula. Estoy de nuevo en mi finisterre particular. Hondarribia. Al otro lado del estuario se extiende Hendaia, y en mi mente de ratoncito ibero de laboratorio se me figura el extranjero, la otra lengua, la frontera, el misterio, la aventura... Pero no tengo tiempo para incursiones tentadoras por el sur de Francia, y me encamino a Goxodenda, mi restaurante dilecto y recoleto, donde me salió aquel poemilla  que hizo que Angeline silbara por lo bajo, como para sí. De nuevo Valle del Cinca en la copa. tinto joven. Nuviana. Tempranillo + Cabernet. Oh Dios! ¡Tendré que echar la siesta en el coche antes del regreso! Merecerá la pena. Voy a comprar bonos de Nuviana, o deuda pública de Nuviana, o acciones de la bodega, o apadrinaré a un hijo de un vinicultor de Nuviana, lo que sea pero esta gente tiene que seguir vinificando mis estancias en Fuenterrabía. Espera, quizás pueda enviarles mi curriculum para llevar su representación por los bares de Bilbao. Pero qué digo. ¿Estoy borracho ya? Mejor voy pidiendo el café porque me descompongo y disgrego por menos de nada.
Me centraré recuperando el menú elegido hoy.
De primero: pure de verduras y picatostes, con taquitos de vieira y piperrada.
De segundo: Tacos de gallo sobre patata panadera, con reducción de naranja, limón y piña.
De postre: flan de queso bajo crema de arándanos.
Café cortado con hielo, y el Valle del Cinca arriba apuntado.
13€
La mística de la buena mesa la he experimentado siempre en contados manteles, y los de Goxodenda fueron siempre apuesta segura.
La sobremesa. Cómo han podido recibirme con esta alfombra tan roja. A mitad del éxtasis palatino empiezo a discernir en la música ambiente la voz de Eva Cassidy cantando Over the rainbow, y luego todo el disco, lingote a lingote.
Pero dónde ha podido estudiar cocina este melónamo restaurador que me regala la boca y el espíritu de esta manera. Debería entablar conversación con él, abrirle mi alma y contagiarme de su luz, pero lo cierto es que no he bebido tanto vino como para eso. Además qué podría ofrecerle yo a un ser que cocina de esta manera, Quizás se fijara en el librito que me acompaña y que amarillea la mesa con su color de Anagrama. Los short Cuts de Carver, con prólogo del propio Altman. Quizás sea un cocinero lector del dirty realism americano y se sentara a mi vera y me contara sus esfuerzos por dotar de toda la literariedad de la que es capaz los platos de sus menús y de sus cartas. Cada coma y adjetivo para que la letra esté a la altura de la alquimia que describen.
Lo imagino varón, pero quizás sea mujer y podamos unir entonces nuestro linaje y poblar de vástagos estas tierras de frontera. Hijos lectores de Auster, Amis y carver que crearan nouvelle cuisine mientras escuchan Danny boy o Fever  en la voz de la inigualable Eva Cassidy. Eva Cassidy me pone triste mientras choco entre sí los cubitos de hielo entre el proceloso café. Me limpio las comisuras y hago mutis saludando a la camarera. Au revoir.

sábado, 17 de abril de 2010

EL SECRETO DE SUS OJOS




Morales. Toda la película transcurre en el corazón de Morales. todo lo demás, el amor de Espósito y los ojos de su jefa, el naufragio de su alcohólico amigo, su novela, los trenes y la dictadura en Argentina, incluso la Pasión (tan brillantemente deducida en la escena del bar), todo, todo lo que no sea el dolor de Morales y su transfiguración queda relegado a telón de fondo, a un maravilloso paisaje donde lo que se cocina es la deshumanización de Morales. No hay mayor enajenación que la de este hombre desnudo de toda piedad, que durante veinticinco años ni siquiera dirige la palabra al asesino de su esposa, quien incluso llega a redimirse a nuestros ojos ante tamaño castigo.
"-Dígale al menos que me hable."

domingo, 11 de abril de 2010

CARAMBOLAS

Intentaré referir -aunque han pasado ya algunos meses- un extraño caso en el que me he visto envuelto en este ocioso negocio de la lectura de libros al que dedico mucho de mi tiempo. Por ser el de mi cumpleaños, tenía apercibido a Iñigo de que el título que deseaba recibir como regalo fuera Moby Dick. Una de tantas obras que parecen de obligada y necesaria lectura.
Así que en unos días conté con el bonito volumen de Debate, y comencé a adentrarme en la historia de Ismael y de su indígena amigo. La caza de la ballena fue ralentizándose sin embargo, no era todo lo absorvente que había previsto. Todo lo contrario, se fue convirtiendo en un ejercicio de esfuerzo y compromiso por mi parte, poco más que para amortizar y agradecer el regalo. Acabó todo ello, como no podía ser de otra forma, abandonando la lectura, aplazándola sine die hasta encontrarme de otro humor.
Mientras tanto, Auster sale de nuevo a la luz de la mano de Anagrama. Invisible. Me lo bebo. Entra en vena dulcemente. La resaca que me proporciona me hace revisitar el número que la revista Quimera sacó en monográfico sobre él. Y descubro en una entrevista, que entre sus autores favoritos están algunos pioneros americanos, y entre ellos , Nathanian Hawthorne, el autor de La Letra Escarlata. Antes de acometer ninguna otra lectura me dejo caer por la biblioteca municipal de Rekalde, y casi por azar tropiezo alegremente con "20 días con Julián y conejito" de N. Hawthorne.
 Lo alquilo sin dudarlo y me lo calzo en dos días. En él, el autor apuntó en forma de diario la  encantadora experiencia de compartir la casa durante 20 días con su hijito de cinco años Julian, y con su mascota "conejito" mientras su mujer se ausenta por temas familiares. Página tras página me voy enterando de que resulta ser vecino suyo ni más ni menos que Herman Melville. Y queda incluso recogida la visita de éste al hogar de los dos varones Hawthorne; y una excursión que realizan al campo en el carruaje de Melville. Durante estos breves contactos le cuenta éste cómo está acabando de escribir Moby Dick. Pocos días después, Nathanian recibe de manos de Hermann un maravilloso regalo: uno de los primeros volúmenes de Moby Dick que la editorial le ha enviado al autor, y que se inicia con la dedicatoria cariñosa que le hace su  vecino y amigo. Por supuesto, corro raudo hacia mi edición de la novela, et voilá...
COMO MUESTRA
DE MI ADMIRACION POR SU GENIO
DEDICO ESTE LIBRO
A
NATHANIAN HAWTHORNE
Y ahí estoy yo, en medio de semejante bucle literario, entre Melville, Auster y Hawthorne. Con los tres libros delante de mis narices, y perplejo ante tanta casualidad que en breve tiempo nos ha unido a los cuatro en este viaje diacrónico de referencias, entrevistas, dedicatorias y sorprendidas lecturas.
Expuesto así, lacónicamente y con mis flacos recursos expresivos, seguro que transmite escasa o ninguna emoción. Pero quiero constatar que dicha situación me tuvo sumido durante varios días en un estado muy interesante.


miércoles, 31 de marzo de 2010

BILLY JEAN

Cuando ya hay algo casi perfecto, se convierte en invitación para cerrar su círculo. Y Cornell se quita la camisa de franela a cuadros y ahonda Billy Jean hasta el tuétano. Más íntima, sin animar al salto borrachuzo que a todos nos invade cuando oímos el intro de Michael en los pubes y tugurios donde ahogamos las miserias. Casi umpluged, la voz de motor gripado de este grungero de Seattle desanimará cualquier intentona de mejorar el tema.

http://www.youtube.com/watch?v=epXN1eUkFGU
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martes, 30 de marzo de 2010

"La aceptación de las propias limitaciones eventualmente es una sabiduría triste"

En todas las fotos que he visto de Bioy siempre se me hace que no es Bioy, sino Salvador Pániker posando tras haber escrito sus Variaciones 95 o su Cuaderno Amarillo. Ambos retratos se sobreponen, se solapan y evolucionan hasta fundirse en la improbable fisonomía de Isidoro Vidal, el protagonista de Diario de la Guerra del Cerdo (DGC). Pániker escribe un verdadero y riguroso diario, donde da detalles de su pensamiento pero también de su deterioro añoso, de la farmacopea que consume, de su sexualidad a estas alturas. El Isidoro de DGC sufre su madurez convirtiéndose en víctima expiatoria de una juventud irracional, que cree que conjurando y eliminando a los viejos en los que ellos mismos se convertirán, conseguirán de este modo frenar la horaria, el minutero y el segundero del reloj.
Isidoro, en su otoño dorado, consigue el amor de la joven que ama. Ese, el amor de una joven, es el verdadero pecado que comete de cara a sus jóvenes agresores. Es la esperanza, la tregua. Y al igual que el Martín Santomé de La Tregua, (otro cincuentón que pone un amoroso paréntesis en su vida justo cuando la demolición del tiempo ya presagia el no retorno) Isidoro Vidal reverdece con tiernos brotes un corazón que ya amenazaba barbecho.
Porqué es un diario no acabo de entender. Sí que Bioy lo atomiza por entradas fechadas día a día, pero el narrador está en tercera persona, no en primera como cabe esperar. En primera escribe su diario Santomé en La Tregua, y en primera Pániker su Cuaderno Amarillo. Mucho se ve la voz del propio Bioy narrando y acotando a diestra y siniestra. Qué bonita su digresión con la que titulo esta entrada.
Me ha encantado la agilidad del diálogo bonaerense, la fuerza y rápidez del pensamiento articulado en voz, la musicalidad de sus conjugaciones y de sus giros y vocablos intraducibles.
Por otro lado, no entiendo cómo puede haber sido esta obrita (como pone en la contracubierta) precursora de revueltas estudiantiles (es del 68, pero creo que es mera casualidad con el mayo de París), de la guerrilla urbana, y hasta Ohhhh! del movimiento punk. My God, los editorialistas no conocen la rienda ni el bocado ni la prudencia??
Como a Pániker, como a Benedetti, como a mí cuando me aprieta el lumbago, a Bioy le dio vértigo el tobogán enjabonado de la cincuentena, y convirtió en novela su sensación de envejecimiento. Y fue que fue en el año 68 cuando se miró en el espejo y se vio mayor. Como escribió Biedma "que la vida iba en serio/ uno lo empieza a comprender más tarde". Y eso es todo.
ESO ES TODO

lunes, 22 de marzo de 2010

ENCONTRÁNDOME LA MUSA EN HONDARRIBI, O POSIBLEMENTE FUERA EL CABERNET-SAUVIGNON MÁS TEMPRANILLO DEL TINTO DEL VALLE DEL CINCA CON EL QUE REGUÉ EL EXCELENTE CONDUMIO EN GOXODENDA COMO SIEMPRE

Recoleto café verde y azul
viviríamos aquí tan fácilmente
de bellos libros siempre rodeados
dejando el sol pasar por la cancela
verde y azul del árbol como un faro
hazte una coleta y no seas tú
para hacernos el amor descarnados
y supremos quitadas las espinas

miércoles, 17 de marzo de 2010

Escucho en la radio las cifras de muertos en Ciudad Juarez durante este año de 2010. Estos es, desde el 1 de enero hasta este día de marzo. 500. Quinientas personas muertas.
El cómputo durante el pasado año de 2009 ascendió a. 2600. Dos mil seiscientas personas muertas. Sólo en Ciudad Juarez. A la que Roberto puso el heterónimo de Santa Teresa. Y que estuvo a punto de denominar con el más sedicente Villaviciosa. ¿Quizás hicieron un redondeo hasta cerrarlo en 2600? ¿Pero serían en realidad dos mil seiscientos sesenta y seis los muertos?  Qué macabra casualidad permite que 2600 y 2666 se acerquen hasta casi tocarse. Qué lección de realidad recibimos en la primera novela del siglo veintiuno, donde en "La parte de los crimenes" se despliega insaciable y aterradoramente ad nauseam este trepidante catálogo de muerte en el norte de México.
Todo comienza tan metaliterario, tan absorbente con las pesquisas y los polígonos amorosos entre Pelletier, Morini, Espinoza y Norton. Para luego acabar una mañana de invierno encendiendo la radio y oyendo que 2600 personas han muerto durante el 2009 en la ciudad de Santa Teresa. Muy cerca, muy cerca de Ciudad Juarez.
Oh, Roberto, por qué nos has abandonado?!

lunes, 15 de marzo de 2010

Algunas obras completas que siempre he querido tener: al menos -que menos- las de Borges y/o Cortazar. Se trata de unificar la miriada de ediciones que siestean en mis estantes, Plaza y Janés, y sobre todo, Alianza. Cada uno de mis pobres volúmenes de bolsillo envejeciendo a su sazón, y adquiriendo su tono particular de ocritud.
Veo este tomo, el primero.Y compulsivo, me hago con él. Lo meto en casa alborozado. Yo. Y ya hay ocho o diez libritos que aúllan desde el mueble, como desconsolados perrillos, presintiendo el sacrificio. La defenestración literal, el escrutinio barberocuril. Curabarberil. Pero acudo a ellos con todo el amparo que me cabe en las manos. Los busco en sus recónditas esquinas y los congrego. Les paso el dedo corazón por la lomada; el índice amoroso por las portadas (casi todas de Daniel Gil). Los sereno. Seco sus lágrimas de polvo.
Al azar, escojo Ómnibus, Continuidad de los parques, La isla al mediodía. Oh! La isla al mediodía!!!! La historia de Marini me vuelve a disolver como a un azucarillo expuesto a Always and forever de Pat Metheny. Y leo. Leo en silencio para mí, pero llegando a mis viejos volúmenes. Calmándolos frase a frase. Sólo leo tres. Para otros festines dejo El perseguidor, Las ménades, y por supuesto, La noche boca arriba. Ahora con estos tres me basta. Comulgo. Rindo pleitesía al gigante briareo, al barbado argentino de París, al estrábico ludópata que tantas páginas me hizo manchar como émulo ignaro suyo en los tiempos del BUP y del COU. Emular su fama. Y su cronopia.

jueves, 11 de marzo de 2010

Detalle del paseo marítimo de Zarautz, posiblemenete uno de los enclaves más hermosos del País Vasco.
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lunes, 8 de marzo de 2010

TODO UN DÍA POR DELANTE


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Suena el despertador. Me sobrecojo.
Un racimo de sueños se arrebuja
en la postrer estela del bostezo.
Sentado en la cama, se me abre el día
preñado de todo y nada, voraz
y tierno al mismo tiempo. Sincopado.
Me visto, tomo el té, que me hace falta
tanta como el resto de vacuos ritos
a los que inmolo este fugaz presente.
Tantas cosas: el trabajo, comidas,
proyectos que nada serán el jueves,
un corte de pelo, quizás un cine;
todo quedará en nada a menos cuarto.
Espero que durante tanto día
tenga tiempo de pergeñar un verso
sobre la cara interna de tus muslos.

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