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La mejor postura antiálgica

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domingo, 25 de noviembre de 2012

MENOSPRECIO DE CORTE Y ALABANZA DE ALDEA (En Otoño)



El bueno de Toso me atosiga con sus banales poemillas. Yo todos se los leo, y algunos hasta se los critico y parafraseo. No es que quiera enseñorearme y echar pecho con lo que sé que no soy. Pero lo poco que pueda decirle de sinalefas, encabalgamientos y calambures a buena fe que de mí lo obtiene. Cada vez que viene a casa se lanza raudo hacia el volumen de Poesía Española de Dámaso Alonso en Gredos. No se lo presto porque un no sé qué en su facha, en sus pelos y en el aire bohemio de sus ropas me dan a pensar que no habría de volver (el libro) o lo haría con algún triste descalabro. Pues hete aquí, que el otro día, entre los acostumbrados sucios manuscritos con que me regala, le hice notar que había un sonetillo que me hacía alguna gracia y del que salvaría algún versillo de los tercetos. Me animó a que lo metiéramos en taller, y efectivamente, en un sí es no es, lo mejoramos, o mejor dicho lo pulí un poco. El resultado era reseñable, y está mal que yo lo diga. Pero no, ya no era la misma obrilla que el bueno de Toso pergeñara en su particular Arcadia. Tirelo, y en castigo a mi arrogancia, y en pago a su discreta e ingenua musa, le prometí colgar su primera redacción en este huerto, donde sé que gusta de pasarse. No habrá exégesis, le dije, tan sólo tu soneto. Eso sí, lo musicaré con algunas imágenes de Scott triscando por la hojarasca que nos está dejando este bello otoño. Me dio su aprobación. Bueno, en realidad espetó un "nihil obstat". El muy capullo



En tanto que el recuerdo del estío

ha despertado al hongo y a la seta
y está la Dehesa con la hierba prieta
en confusión de charcas y rocío...

El buen campesinado siente el brío

del corazón alzado cual cometa
al viento; hinchada su alma de poeta
al ver de nuevo el pueblo envuelto en frío

Aquí, sin embargo, en las ciudades

el tiempo lleva el pulso del cemento
que el salto de los meses nos oculta...

las noches sin luceros... suciedades

banales de turbio sedimento
que nuestro afán de pueblo nos sepulta.

                                    TOSO FUCUR






















sábado, 10 de noviembre de 2012

AUTUMN LEAVES




The thrill outbreaks again as the first time.

And each note, each footage, is loaded with all the sadness of this unjustified world












sábado, 3 de noviembre de 2012

NEBRASKA






De Lekerika salió Inocencio el año 35, así que la guerra la vivió de forma borrosa por las cartas que irregulares le llegaban y a las que, de todas formas, no hacía mucho caso. Desembarcó en California agotado por la distancia y  desencantado por la pobreza en la que encontró a su primo Kepa. Estuvo pastoreando con él cuatro meses en las tierras que rodeaban el pueblo de Modesto, para abandonar finalmente a su mentor (con el que no llegó nunca a llevarse ni templado) y largarse al fin a Nevada con un grupo de paisanos oriundos de Markina. No le fue mucho mejor allí, en el condado de Tuscarora, seguramente por su arrogancia y autosuficiencia, que no le ayudaban a tratar con sus semejantes sin acabar albergando desconfianzas y rencores.  Abandonó pues, también, lo que empezaba a ser el Spanish Ranch, y partió largo hasta llegar a Nebraska. Atravesó las Rocosas en vagones de mercancía, temiendo por sus ahorros de meses de pastoreo cada vez que el tren se eternizaba por los oscuros y larguísimos túneles subalpinos
.
Compró ganado. Cuarenta y dos ovejas. Y solo, sin necesitar de nadie, fue ampliando el rebaño, y construyendo lenta y torpemente lo que al principio no fue sino una  borda de ladrillos de adobe, para luego ir convertiéndolo en un remedo de caserio, como los que recordaba de sus escapadas por Aulesti y Nabarniz.
Se asentó en el condado de Dawes, a las afueras de Chadron, cerca del río Niobrara, y se fue dando a conocer a duras penas, por "el vasco”, que fue convirtiéndose en una voz sinónima de pastor, o “shepherd”. Los pocos que le dirigían la palabra por causas mercantiles, es decir los que le pagaban la lana, o los que le vendían el alambre y otros aperos, le llamaban por su nombre, algo así como “Ínosens”.  De entre los escasos pobladores de aquel poblacho en ciernes, fue sintiendo predilección por esos vagabundos que, como apestados tristes, deambulaban con desidia por las calles de la ciudad, un poco borrachos, sucios y alucinados.
 Eran los indios Pawnee, antiguos señores de aquellas tierras,  a las que llamaran mares de hierba, y donde pastorearon –no hacia tantos años-  a su manera, enormes rebaños de búfalos. Al igual que Inocencio, que había perdido todo el derecho a la tierra del padre -en favor de su hermano primogénito-, lo que le había obligado a emigrar, ellos habían sido desposeídos también, aunque de forma más violenta y ultrajante desde luego. Y se habían convertido en gitanos, en húngaros como los que recordaba haber visto la única vez que fuera a Bilbao a vender verduras en el mercado de El Arenal. Fue contratando a alguno de aquellos indios como mozos aprendices, y no le fue mal.
 Itsaso
Inocencio acudía al burdel de Chadron una vez al mes, y allí se encaprichó de una de sus putas  que tenía algo de sangre india, de la tribu de los Otoe, a la que llamaba Itsaso, porque le fue imposible pronunciar ni recordar el nombre que le pusieron al nacer,  “Xra Da Me Wiupimi”.
Cuando quedó embarazada le hizo entender que era por su culpa, y al morir de un chancro, Inocencio se hizo cargo del chico y se lo llevó a su rancho. Quiso al hijo porque sabía que era suyo, y lo llamó Mikel, y se desvivió por sacarlo adelante. Le fue enseñando a esquilar y a ordeñar, a mamporrear cuando no salía de los animales el apareo, a perderse por los montes con el rebaño y a volverse a encontrar. A espantar a los coyotes, y a orientarse en las noches claras. Mikel se reía cuando veía a su padre pelar una manzana en una sola monda, y le gustaba escuchar los viejos cuentos de los pastores indios que hablaban de otros tiempos en los que las ovejas eran grandes como “wagons” y se llamaban bisontes, o también “dadores de vida”, y eran los rebaños los que movían a los hombres y no los hombres a los rebaños. Podía quedarse sin dormir cuando escuchaba antiguas historia de caza e,n las que los hombres nadaban por la hierba y las piezas
eran objeto del mayor de los respetos cuando eran abatidas por los Lakota, Sioux, Otoe, Omaha, o por los Ponca.
Aprendió palabras otoe-missouria, y su padre observaba atónito cómo Mikel prefería el incompresible galimatías de los gitanos indios al euskera que torpemente intentaba enseñarle.
También los Otoe le inculcaron el amor a la praderas y a los caballos. La sangre de su madre suavizaba su carácter y lo convertía en un niño paciente, abierto y prudente. Cabalgaban a menudo, con las ovejas y sin ellas, por mero placer de ver a lo lejos las tormentas secas con sus rayos devastadores, y los tornados como dedos de dioses que borraban todo a su paso.
Cuando murió, Mikel tenía once años. Inocencio  treinta y cinco, y ya estaba cansado y viejo como cualquier pastor a esa edad. Convencido por los viejos indios, incineró el cadáver del niño en una ceremonia al ocaso, donde rodeado de cánticos funerarios y acosado por las lágrimas y por el dolor, creyó estar viviendo una extraña pesadilla.
Las cenizas se mezclaron con la madera olorosa del promontorio que hacía de altar, y también con la arena seca de Nebraska. Las guardó en una vasija de cerámica pawnee, y hasta que no pasaron doce meses no se atrevió a abrirla, mirar los restos de su hijo y hundir las manos en aquella arena caliente. Al sacarlas, vio que algo se retorcía con elegancia lenta por entre los granos de ceniza. Un pequeño gusano, blanco como una cuajada fresca, le hizo soñar con la idea de las transmigraciones, de las reencarnaciones y de los karmas compensatorios. Los viejos, que se consideraban abuelos de Mikel, le apoyaron en su locura y le instruyeron en cómo hacer para devolver al joven a la vida. Un turpial gorjeador fue traído en una jaula escasa de barrotes de madera. Inocencio vio un pequeño pájaro de pecho amarillo limón y con una uve negra en la garganta. Les dejó hacer a los indios y se extasiaba con la idea que le habían prometido. En un teepee de atmósfera espesa por el humo de las hierbas sagradas, se celebró la ceremonia, de nuevo trufada de cánticos y danzas lacias y desganadas. El pajarillo, ávido por el ayuno de días, se alimentó con el pequeño gusano, tan rápido que a duras penas los ojos pudieron verlo. En un inglés balbuceante le hicieron saber que Mikel estaba ahora en el pájaro. Tras un instante de nuevos cánticos, se volvió a abrir la piel que hacía de puerta del teepee, y alguien trajo un coyote dulce, amaestrado, amigo de los Otoe. Ataron una pata del turpial a una pequeña estaca en el suelo para que no pudiera escapar, y al mover sus alas el perro se abalanzó sobre él para, de un solo bocado, desaparecer al pajarillo. Ahora tu hijo es el coyote, le dijeron a Inocencio los indios metidos a sacerdotes. El pastor vasco ya no sabía si había de esperar que entrara otra alimaña para comerse a el coyote, o si vendría un niño para matar al perro, o qué. Pero no, todo se detuvo. Los oficiantes consideraron que la transmisión había llegado al punto deseado, y le regalaron a Inocencio el animal con el alma de su hijo. Algo que era muy poco corriente, y que él había tenido la enorme fortuna de poder lleva a cabo.
Mikel

Inocencio estuvo a punto de aovejarse, que era como llamaban allí a volverse uno loco por la soledad del oficio. Pero Mikel le fue salvando de hundirse en la demencia gracias a sus carreras y a sus aullidos de perro-lobo-niño.
En 1961 consiguió la residencia legal en aquella su tierra de acogida gracias a una ley emitida por el congreso y ratificada por el presidente Lyndon B. Johnson para incorporar a los pastores sin papeles en la vida social de los Estados Unidos de América.
Por las tardes, tras volver de cabalgar seguido de Mikel para ver las tormentas o los tornados, el de Lekerika se sentaba en su porche a pelar una pieza de fruta, mientras el avispado coyote observaba hipnotizado, esgrimiendo un gesto cercano a la sonrisa, cómo conseguía siempre su padre desnudar la pieza dejando una sola y única monda larga como un muelle.



miércoles, 31 de octubre de 2012

BLACK GOLD SPALDING





Me acabo de comprar un bote de betún y me estoy embadurnando la cara de negro. Yo también quiero ser Black Gold desde que he conocido a Esperanza.





Si investigan por la red la encontrarán gobernando enormes contrabajos de tres cuartos y cuatro cuartos, y bajos eléctricos y acústicos con y sin trastes, jugando a perderse y a encontrarse con la voz y las armonias que toca a la vez en el instrumento. Con su enorme corona de pelo ensortijado como si fuera un aura de santidad jazzística, esta profesora de Berkley y de origen humildísimo está llegando, o quizás haya llegado ya sin duda a donde había de llegar.







Esperanza Spalding - "Inútil Paisagem" from Steve Lippman/FLIP on Vimeo.



lunes, 29 de octubre de 2012

RESETEANDO



Saco tímidamente la testa por este sitio como temiendo que todo esté manga por hombro. La saco como lo hiciera  Ford-Decker bajo la densa lluvia de Los Angeles en 2019, ayudándose de sus quebrados dedos para emerger a la superficie de la azotea donde entrevé, casi con total seguridad, su muerte.
Pero todo sigue igual que como lo dejé: con Chucho Valdés haciendo las veces de punto final hasta que se decidiera lo contrario.
Decker, que escucharía atónito esas maravillosas palabras acerca de momentos que se perderían como "tears in rain". Palabras musitadas por Hauer-Batty, y magistralmente creadas por P.K.Dick, que con gusto me estamparía en una camiseta si no fuera un gesto tan extravagante (freaky iba a decir).
Bueno, pues curo así con éste la afonía ekoizlera que ya iba durando demasiado. No ha supuesto, sin embargo, este silencio que haya estado sumido en el marasmo de la inacción depresiva. No. Ni mucho menos. Una enfebrecida vorágine de películas y conciertos, aderezada incluso por unas elecciones autonómicas de aciagos resultados (no menos tristes por sobradamente previstos), ha sido la sopa en la que se ha ido cocinando mi vórtice laboral: la extenuante campaña editorial que me sumerge cada año en una rueda interminable de falta de tiempo para casi todo.
He perdido peso he de decir también. De lo cual estoy muy satisfecho aunque más bien sea mérito del estrés más que de una planificada dieta. Esta pérdida de lastre hace que ahora busque el acomodo del olvidado cinturón para que no vaya mostrando  cual espinilla andante la ropa interior por retaguardia.

Sin entrar en más detalle, diré también que mi corazón ha sufrido en pocos días vaivenes virulentos  y sacudidas terribles, lo cual no es sino moneda de curso entre los que tozudamente nos obstinamos en seguir vivos. Y así, unas veces en alta mar, otras al albur de la zozobra del castigo batiente en procelosa tormenta, y otras encallado en marismas de fétido aluvión, mi corazón se esfuerza por recordar que cada momento posee el regusto de la vida por muy ácida que nos devuelva la vesícula su bilis amarga.

Me siento a gusto aquí. En este huerto mío. Donde no sé por qué me demoro a veces tanto en venir  a desccansar  el verbo entre estas flores y frutales.



Acabo de terminar "Papeles en el Viento",  de Eduardo Sacheri, que recomiendo encarecidamente. Háganse con ella y les prometo una gratísima experiencia. Por lo que les pida el librero se llevarán la segura promesa de dos o tres horas en el deleite de esta historia ríoplatense. Apenderán de fútbol (o no) y de la amistad. Y conocerán a Daniel El Ruso, un personaje impagable, niño grande y corazón silvestre de la novela. Pero tú no, amigo Laguna. Tú no la merques, pues en cuanto la suelte Iciar te la regalo (la novela). Te irá de tercer ojo ya, pero te aseguro que es tuya desde el primer momento que empecé a sonreir ojeando sus páginas, y cuando empecé a pensar que aquél libro debería acabar en tus manos.



El martes pasado me regalé un maravilloso concierto de jazz con el cuarteto de Archie Shepp en la Sociedad Filarmónica de bilbao. Un tanto estrecho en mi butaquita centrada y delantera, me alegré sobremanera de haber soltado el lastre de los cinco kilos doscientos treinta gramos de mi "waistline", pues me otorgó cierta holgura en aquel gozoso enclaustramiento sedente.
Casi todos los músicos septuagenarios. Meritorio y enternecedor ver arrastrar la vida de estos negros maravillosos a traves de su pasión y de su oficio. Enternecedor como cuando al terminar la actuación, veo que el pianista y el baterista corrían al auxilio del contrabajo Wayne Dockery (en la foto, con gafas), quien, con sus escasas fuerzas y las que le prestaban sus compañeros, saludó sin mucho énfasis al público aplaundiente, mientras ponía todo su afán en salir del escenario para arrojarse a alguna cómoda silla que le esperara en bambalinas.
Con tal panorama, me resultó difícil reclamarles un bis por evitarle al provecto contrabajista el sufrimiento de tener que volver a salir y tocar una pieza más. Con todo, lo hicieron, para desplegar un cálido e impagable "Round Midnight" que inundóo la despedida con una cálida melodia monkiana. Ver a Shepp. Escucharle. Fue como colarse a través del tiempo en un club brumoso de Chicago donde su saxo se confundía con el de un Coltrane redivivo.



martes, 25 de septiembre de 2012

CHUCHO VALDÉS





Un Stenway brillante como obsidiana en el centro del escenario, y un Chucho Valdés inmenso a su proa, comandando este tifón caribeño que ha volcado toda su fuerza durante hora y media, y me ha empapado de son, de jazz y de Cuba.
Lo primero que me ha sorprendido ha sido la envergadura de Chucho. Si Sonny Rollin es “The Colossus”, este Chucho tiene empaque para llevar el sobrenombre de “El Titán”, “El Gigante” o  “El Enorme”.
Siempre que veo a un pianista salir por vez primera al escenario me acuerdo de lo que Thomas Bernhard decía de Gould en “El Malogrado”: que siempre antes de salir a un concierto sumergía sus manos durante largos minutos bajo un agua muy caliente, de modo que la sangre corriera acuosa y ligera entre los dedos raudos de Glenn Gould para interpretar -casi inhumanamente-las variaciones Goldberg.
Lo primero que ha desmenuzado Chucho ha sido un tema de la película Calle 54, de Fernando Trueba, que ha moldeado como plastilina para encajar en plena armonía temas clásicos de Bach o, -qué delirio-, las partes más emotivas de los conciertos para piano 1 y 3 de Rachmaninov. Esto debería haberlo escuchado Iciar sin duda alguna.
Luego, durante los noventa minutos restantes, ha escanciado tonadas plenamente cubanas como El Manisero, jazzísticas como Blue Monk, copleras como Bésame Mucho…pero con tal maestría y preciosismo que dejaba puertas constantemente abiertas por las que se colaban Gershwin, con su Summertime, o  el mismísimo Chet Baker (a quien honramos hace muy poco aquí mismo) con su But not for me.
Lo más frío y técnico, quizás las dos composiciones propias que nos ha regalado y que estarán en su próximo disco en enero. Una de ellas titulada “Para Ernesto” con la que rinde debido tributo al padre de la composición cubana para piano, Ernesto Lecuona.



Quería haber llevado a Iñigo conmigo al concierto, pero lo primero que me dijo es que de ninguna de las maneras iba a ver a un tío que dejaba que le llamaran Chucho. Bueno, él ahora está a su química y a sus logaritmos. Ya habrá tiempo para que le convenza para el próximo concierto de finales de octubre: John Scolfield.
Chucho Valdés me ha dado más de lo que esperaba. Mucho jazz. No por nada de chico se acodaba en los balcones que daban al Mar Caribe, no muy lejano del que bañaba las orillas de New Orleáns. Jazz. Mezcla. Vasos comunicantes.
Veía sus manos reflejadas en el faldón alzado  de la cola piano. Las veía indirectamente, cabalgando las teclas blanquinegras con la pericia y el virtuosismo que sólo una vida cosida al instrumento puede aportar. 





domingo, 16 de septiembre de 2012

MY FUNNY VALENTINE

Me hice hace poco en la Fnac con una edición doble de Chet Baker que contiene tanto CHET BAKER SINGS como PLAYBOYS. Llevo varios días escuchándola en el coche y en casa. Nunca me ha parecido que hubiera mucha diferencia entre la voz de Baker y su trompeta. Las utilizaba de la misma manera. Suavemente, sin forzarlas, como si te acariciaran la espalda con seda gastada. Una seda de color azul, obviamente. Blue. El jazz de Chet es una música asequible aun para los no asiduos a esta música. Fácil y agradable, te invita a relajarte y a seguir -y hasta predecir- sus compases sin mucha exigencia.
Muchos de los cortes del disco están ya consagrados como standars del jazz más melódico y suave. Entre ellos está But not for Me, quizás la pieza de Chet Baker que escuché por vez primera, y que resume a la perfección los rasgos de su voz y de su trompeta.



Sorprende inmediatamente el contraste de esa voz tan de galán de los 30 con su rostro de bellísimo púgil de nariz castigada. Un rostro que en sus últimos años ofrecía un descalabro triste y absoluto tras una vida esclavizada por la heroina. Parece ser que el año 66 sufrió también una tremenda paliza que le costó varios dientes y la pérdida de su embocadura natural para el instrumento. Tras un calvario de tiempo sin poder tocar, y tras varios intentos y pruebas con prótesis bucales consiguió volver al jazz, asentándose en Europa, y afrontando su éltima etapa como intérprete, la mejor de ellas para casi todos los entendidos.
El viernes por la noche me enganché viendo el largometraje-documental Let´s Get Lost, ganador de un oscar y maravilloso compendio vital del genio en las postrimerías de su vida.
Y me enganché tanto, que me acosté tarde. Y tanto que me levanté a las diez. Así que el proyecto de irme con Scott a la Conchinchina, se trocó en un doméstico paseo hasta Arraiz, en una fabulosa mañana de sábado de este tardío verano.















martes, 11 de septiembre de 2012

FINITUd






FINITO

De entre lo más granado que me anida
Me ofrezco un ramillete de insondes y espantosos vacíos.
Ahora la medida agota su calibre
Y cronometro cada beso cada mandoble de vida
Sabiendo que han de ceder que son marchitos otoñales morir.
De cuándo acá que siento el cedazo de una moira
Colando mis segundos.
La mancha persevera.
Aguardan las señales como payasos inmundos
De barro y de costillas quebradas.
La espina se doblega
Pero me aso a mis iguales más jóvenes más bellos
Inmortales.
Recorro sus epidermis  hidratadas de locura de fulgor
De gigante roja.
De entre lo más granado
Una fuente de agujeros
Mana cánticos de orate medicado.
Voy regando  mi sombra en cuarto menguante
Con las llevadas de esta resta segura.

Toso Fucur.









Tras pasar la navidad con la familia Lambert, y desgastar mi piedad por el viejo Alfred auxilado por su hijo Chip, me viene a la cabeza esta canción de PG. Las Correcciones me ha durado todo el verano. Tengo el paladar en Philadelphia y en St Jude. Encantado de haber conocido a Denise a Gary y a la pobre Enid. Soberbio Franzen otra vez.








miércoles, 25 de julio de 2012

TAN LEJOS TAN CERCA

Dejen paso al Rey, abran paso el Duque Blanco, el Prince y el Boss. Entra en Ekoizle por vez primera un renacido Elvis que me sirve para lanzar un cable a mi Dama, a quien estoy teniendo a más de cien kilómetros durante todo este mes que ahora acaba. Un fuego de artificio a sus ojos, una bandera irisada o blanca o una Rolly Roger... 45 añitos como los discos de las mismas revoluciones, como el ecuador que parece que pase por ese meridiano. Tan fresca tú, tan firme. Tan lejos estos días; tan cerca en breve. Aquí va un adelanto de mis caderas. A ritmo endemoniado, sexual, engominado, forrado en cuero y con esas patillas imposibles. Voy raudo por el camino de baldosas amarillas a lamerte la gamuza azul de tus chapines.

martes, 17 de julio de 2012

OH LORD!!!!!!

Parece que 1968 suena a magdaleniense, a achelense, palelolítico... y efectivamente está en el pleistoceno de mi biografía. Y yo hoyé su templo mucho después, pero ellos levantaros los primeros sillares, las primeras torres de la catedral del ROCK. Y ahora sólo queda escuchar y escuchar los viejos temas y fijarse no sólo en el solo de Blackmore o de Paice, sino en el denso ambiente que este loco de la música clásica inyectaba con su órgano. Porque para mí, John Lord estará siempre en April, del disco Deep Purple (1969), con la portada del Bosco, del Jardín de las Delicias, donde esos locos melenudos le dejaban sacar sus partituras de música clásica no sea que se enfadara. Y le dejaban configurar la orquesta y hacer sitio en su disco para los oboes y fagots...

 

Aunque luego estaba Smoke... o Child in Time... con sus directos en Japón, o como esta maravilla de New York... en la que recomiendo no pestañear.





En fin, un pionero inigualable, junto a tantos otros, cierto, pero John Lord es un caso excepcional y legendario, el cascabel de la cola de la serpiente del Rock, sin la cual su cabeza no podría haber segregado estos venenos como los de Eddie




Larga escucha a Deep Purple!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


                              





                                                






miércoles, 11 de julio de 2012

TRUE GRIT



 
Qué pena habérmela perdido en pantalla grande. Valor de Ley (True grit) es de las que se deberían paladear girando el cuello de izquierda a derecha, barriendo el plano como en los partidos de tenis (me gustan las primeras filas de  la sala).
Soberbio Jeff Bridges, ya actor fetiche de los Coen; y Oh sorpresa!!!! Magnífico Matt Damon, que borda al estirado, aunque al final eficiente, ranger Labouef.
En cuanto a Mattie Ross, no he podido evitar compararla con Jim Hawkins. Estoy volviendo a releer durante este inicio de verano, a cortas acometidas (se ha convertido en mi “lecture du toilette”, aunque me esté mal decirlo) La isla del Tesoro.
Hubo un tiempo en que siempre por las vacaciones, en agosto, revisitaba a Stevenson. Luego me ocurrió lo mismo con el Siddharta de Hesse. Y hace dos o tres semanas, recuperé el viejo volumen de Círculo de Lectores que me regaló mi tía Felicia, donde en la segunda cubierta lo tengo firmado con infantil mano, y datado en el año de 1974. Lo guardo en La Rioja, así que sólo lo retomo los fines de semana que me dejo caer por allí. Y como ya he dicho, está donde está, y así lo voy a releer este estío.
Pues decía que no puedo evitar unir a Mattie y a Jim. Ambos adolescentes y entrando en amistad con brabucones y muy vividos piratas o forajidos con cientos de vilezas a sus espaldas. Los dos con la muerte de sus padres como motor de arranque de sus aventuras. Jim y Rossie, como Tom Sawyer, eternizando sus proezas debido al pasaporte de su juventud y arrojo.












Si bien Rossie movida por una demasiado madura, para su edad, sed de venganza; mientras que Jim se doblega simplemente antes los aires de aventura que le propicia el Doctor Livesey.
Poco a poco voy viendo cómo sin embargo, la muerte de su padre, y la venganza que buscaba, se van difuminando en "Hermanita" para que lo único que acabe interesándole a esta niña sea la vida a la intemperie en busca de aventuras, y lo mismo le da con uno que con el otro de sus padres adoptivos, Cogburn o Laboeuf,
Y cómo no comparar, por tanto, a Rooster Cogburn con John Long silver, como tutores y catalizadores de los dos jóvenes héroes. De hecho, bien luce Jeff Bridges un parche en el ojo digno del mejor bucanero. Bridges está soberbio, como ya he dicho, y no puede encarar mejor a un tipo más desagradable, borrachuzo, bravucón y arrojado que a este alguacil caza recompensas.




Eastwood resucitó el western con su magistral Unforgiven, pero los Coen han conseguido que no se pierda el eco. En absoluto.

.

LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS

Por fin hemos vacunado a Iciar contra el prurito que le reconcomía por visitar Barcelona. Quiero decir que ella misma se ha curado, porque organizó todo on her own magistralmente, todo hay que decirlo, mientras que nosotros nos dejábamos llevar cual acémilas boquiabiertas para sorprendernos una y otra vez ante tal variedad, enormidad y riqueza de ciudad. Predominó el modernismo. Consentimos en sacrificar cantidad en aras de dedicar más tiempo a lo que queríamos ver. Yo bebí en Canaletas así que habré de tornar.


 .
Contrapicado en Milá

 Fascinante pasadizo del Mamut, a la vera de un restaurante oriotarra.

Dead or alive?


Slow & powerful

Never End Story

La mejor reciclada Rosa de los Vientos

Very Güell






lunes, 18 de junio de 2012

Dónde está la Lógica???

Hace unos días, un poco antes de que acabáramos por comprarle su nuevo Samsung Galaxy y de que se bajase Shazan, Iñigo me llamó desde el interior de la ducha, y limpiando el vaho de la cápsula para hacer una ventana que nos permitiera vernos, me preguntó qué canción era aquella que comenzó a tararearme; que no se le iba de la cabeza, pero de la que no recordaba ni título ni grupo.
Querido niño, y esa canción, concretamente The Logical Song, es una proeza que encorseta en una breve estrofa gran conocimiento de la vida, envuelto y protegido por bello papel:

When I was young, it seemed that life was son wonderful,
a miracle, oh it was beautiful, magical (...)
Then they send me away to teach me how to be sensible, 
oh logical, responsible, practical.
And they showed me a world where I could be so dependable,
clinical, oh, intellectual, cynical.


jueves, 14 de junio de 2012

ESTIGIA






Al pasar la Banca,
Me dijo el Banquero:
Las niñas bonitas
Se van al infierno
Igual que las feas
Si no fían dinero.

*
Estupro a las crías,
Deshaucio a los viejos,
Soy Omnipotente,
Manejo gobiernos
Da igual si Gaviotas
Si Rosas o brezos:
Yo llevo la Barca,
Soy Titiritero.
Óbolo a la boca,
Que soy el Banquero.

*
Al pasar la Banca,
Me dijo el Banquero:
Las niñas bonitas
Igual que las feas,
Con billetes nuevos.


.